Oficio y materia
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Oficio y materia

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Oficio y materia

05/09/2018
Actualización 06/09/2018 - 15:19

La primera vez que sentí que en México había una escena de arte contemporáneo interesante y global fue a finales de 1997 en Guadalajara. Recién regresaba de hacer mi maestría en Inglaterra. Ese año se realizó la penúltima edición de expo Guadalajara, que venía acompañada del innovador y refrescante Sitac.

Sería imposible describir en 2,500 caracteres qué es y cómo se ha desarrollado la escena del arte en Guadalajara, así como su influencia en la escena nacional. Espacios como OPA, Gonzalo Lebrija, Fernando Palomar y Jose Dávila, que junto a otros muchos de su generación sentaron un precedente; curadores que llevan décadas haciendo una labor invaluable, o Carlos Ashida, sensei de la ética y de la profundidad del arte, quien entre muchas otras contribuciones fundó Arena México y su taller de gobelinos, ofreciendo una suerte de servicios de artesanos y metodologías a explorar para artistas de todo el mundo.

Bajo esta lógica la exposición Oficio y materia toma otro sentido en el Museo de Arte de Zapopan (MAZ), ya que desde finales de los noventa ha habido una búsqueda o una intención muy tapatía, por así decirlo, de acercar al arte contemporáneo con prácticas artesanales, locales, autóctonas.

Es casi natural que en un país como México se dé esta relación entre arte contemporáneo y una veta artesanal, más popular, en los lenguajes creativos, que pone en evidencia la problemática relación arte/artesanía, prácticas conscientes capaces de reflexionar acerca de sí mismas, en contraste con el arte popular.

La mezcla de lenguajes conceptuales y artesanales ha resultado muy rentable en la escena “política” y económica del arte contemporáneo global y no se ha problematizado lo suficiente, parece que esa relación llega siempre a un punto muerto, como en el caso de la canónica exhibición Magiciens de la Terre en el centro Georges Pompidou en 1989.

Oficio y materia presenta artistas emergentes que hasta ahora no han sido expuestos a estas dinámicas del mercado internacional, y es un buen caso de estudio en la compleja relación arte/artesanía y las problemáticas y preguntas que ésta encierra.

Objetos híbridos que seducen doblemente por su relación con el quehacer humano, aquel del oficio, y por ser objetos informados que han perdido su inocencia. Piezas que intentan decirnos algo acerca de quienes somos, de lo complejo de negociar con nuestra herencia, de entenderla, manipularla y en el mejor de los casos problematizarla.

El hecho de que estas propuestas se presenten en un museo, en una situación no de explotación como puede ser el caso de la moda, sino de exploración y reflexión acerca del quién abreva de qué, temas de apropiación como discurso y problemática, nos habla de la necesidad de los artistas de retomar y negociar con su historia y su contexto.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.