La responsabilidad de coleccionar
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La responsabilidad de coleccionar

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La responsabilidad de coleccionar

07/06/2018

La semana pasada abrió sus puertas el Instituto Alumnos, un espacio de arte ubicado en el Paseo del Pedregal. Alumnos funciona como bodega de almacenaje, espacio de exposición y aula educativa. Esta bodega, que alberga las obras que Moisés Cosío ha ido coleccionando a lo largo de estos años, utilizará este acervo como recurso pedagógico para fortalecer la educación en arte. Así, se implementará ya en un par de meses, un seminario dirigido por un grupo de tutoras iberoamericanas, destinado a curadores, artistas y educadores que utilizarán estas piezas para replicar y desarrollar nuevas estrategias pedagógicas.

Hace más de 13 años conocí a Moisés, durante cuatro nos reunimos una vez a la semana para hablar de arte, pero también de música, de nuestras familias, de nuestros proyectos, de nosotros. Moisés tenía apenas 20 años y quería coleccionar arte, pero antes nos encaminamos en concebir y formar una fundación. En ese momento le interesaba crear una iniciativa dedicada a la educación, a través de una serie de bibliotecas que de alguna manera estuvieran relacionadas con el arte, que iríamos adquiriendo y que abriríamos al público.

Comenzamos entonces con una serie de recorridos por el país y el mundo, para reunirnos con profesionales que dirigían fundaciones y con filántropos quienes compartieron su experiencia y su conocimiento para crear lo que más tarde sería la Fundación Alumnos 47. También adquirimos obras, no en miras de crear una colección pública, sino como una expresión más personal, como un ejercicio de gusto, pero también como una forma de compromiso.

Hay tantas maneras de coleccionar como colecciones. Una colección es siempre un ejercicio particular que está construido a partir de seres humanos, un diálogo entre artistas y compradores, entre distintas generaciones, distintos puntos de vista y maneras de percibir el mundo. Pero sobre todo, coleccionar significa resguardar un patrimonio que va más allá de uno, que requiere de espacio, recursos, tiempo, un equipo, pero sobre todo de un compromiso histórico y social: más que simplemente adquirir piezas, coleccionar es construir una vocación de filántropo, es incidir en el destino de la historia y del lugar al que pertenecemos, es decidir que el arte, la imaginación y la educación son vías efectivas para transformar la difícil realidad que vivimos.

Los jóvenes que coleccionen arte –que definitivamente son muy pocos en México– tienen un bagaje que abarca un espectro muy amplio de intereses, y con este nuevo espacio educativo, su colección de arte, la fundación Alumnos 47, la casa productora, las ediciones de libros y hasta un equipo de basquetbol, Moisés ha transformado radicalmente la escena artística de nuestro país, y se ha convertido en ejemplo y portavoz de una generación.

¡Enhorabuena y larga vida a Alumnos!

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.