La oportunidad de transformarnos
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La oportunidad de transformarnos

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La oportunidad de transformarnos

04/10/2018
Actualización 04/10/2018 - 14:38

En la anterior Legislatura tuve que gestionar fondos para cultura en la Cámara de Diputados. Estando ahí adentro me preguntaba si no hubiera hecho más patria colocándome un cinturón de dinamita y volando la Cámara completa ya adentro, o si el proyecto por el cual iba a pedir recursos era una forma más amable y a largo plazo para contribuir a la transformación del país. Eran años en que la Comisión de Cultura tenía una “bolsa” de cerca de dos mil millones de pesos al año para apoyar proyectos culturales. En mi caso, se trataba de un proyecto para vincular a artistas con comunidades en zonas marginadas de México. Decidí por la segunda opción.

No hubo ni una sola vez que durante el proceso de gestionar ese recurso, no me preguntara a mí misma cómo es que le hacía un pueblo en la serranía, por ejemplo, o en algún lugar en la costa para tener acceso a estos recursos. ¿Cómo podrían llegar a sus diputados? ¿Cómo podrían armar una carpeta con la información que se requería?

La cantidad de papeles que demandan, la premura entre que se daba la noticia de que era momento de ir a “meter” los papeles y la fecha límite para hacerlo, era absolutamente ridículo. Y una vez en la tómbola de la Comisión de Cultura empezaba la necesidad de cabildear por días con cada uno de los partidos y de los diputados que podrían apoyar el proyecto. Horas invertidas a sentarse con individuos a los que parece les estás hablando en otro idioma cuando hablas de cultura, de arte contemporáneo y comunidades.

La continua arrogancia con la que una es tratada, las citas, las peticiones, los particulares, los asesores, las horas de espera.

Caminar por San Lázaro tenía el tufillo de que ahí dentro los acuerdos se dan por recovecos, se alcanzan de formas que uno ni imagina: el “ándale compañero… tú me apoyas en esto y yo te apoyo en lo otro” o “no transita”.

A mí no me sucedió, pero sé de diputados que exigieron más del 60 por ciento de moche del recurso “bajado” y cuando se cuestionó esta actitud y se le dijo al diputado que se le iba a demandar, éste simplemente dijo: “te mando matar”.

El próximo Presupuesto federal tendrá que enviarse a la Cámara de Diputados por el presidente López Obrador en los primeros días de diciembre y ser aprobado antes del 31. Son escasas cuatro semanas para aprobar la Ley de Ingresos y Egresos de la Federación. Seguramente, con la mayoría de Morena, lo que envíe Hacienda sufrirá pocos cambios. Es la oportunidad para modificar el viacrucis arriba descrito.

Los fondos que se gestionen para proyectos culturales debería hacerse de manera distinta. La ventanilla adecuada sería la Secretaría de Cultura y el proceso tendría que ser diferente, basado en criterios claros de evaluación y selección de proyectos.

Decir que el proceso era kafkiano se queda corto. Hoy el próximo gobierno federal y la Cámara de Diputados tienen la oportunidad de transformarse y mejorar.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.