Opinión

Paterson: retrato de un artista entrañable

  
1
  

  

(Especial)

En un reciente artículo de The New Yorker, Jia Tolentino habla de una extraña característica de la sociedad estadounidense. A partir de una anécdota real de una chofer de Lyft que no paró de trabajar aun cuando estaba por dar a luz, la autora señala el hábito enfermizo de chambear a costa de todo: tiempo libre, relaciones interpersonales, hasta salud. Que una persona deba seguir llevando extraños de un lado a otro de una ciudad aunque esté a punto de parir no debería ser motivo de festejo –como lo fue dentro de la compañía para la que trabaja– sino de oprobio.

Paterson (Adam Driver), el personaje central de la más reciente película de Jim Jarmusch, difícilmente se habría identificado con ese vicio. Si bien él también se dedica a llevar extraños de un lado a otro de su pueblo (pueblo con el que comparte nombre), Paterson entra y sale a la misma hora, siempre se da tiempo de almorzar en su sitio favorito mientras escribe poemas en un cuaderno y no parece necesitar nada más (ni menos) en la vida. En ese y tantos otros sentidos, es un hombre a contracorriente de su generación: no cuenta con un iPhone, no le interesa publicar su poesía y genuinamente parece disfrutar cuando conversa con extraños. También es un gran lector, tanto como los vampiros de Only Lovers Left Alive eran melómanos (Jarmusch le tiene cariño a la gente apasionada).

Laura (Golshifteh Farahani), su novia, es lo opuesto. Parte de la “generación de la chambita” a la que Tolentino alude en su artículo, Laura vive obsesionada con destacar en cualquiera de sus oficios, ya sea como repostera, decoradora o cantante. Admira el talento de Paterson, pero le resulta rarísimo que no quiera dar a conocer lo que escribe. Así, Jarmusch plantea un conflicto pertinente: la vida contemplativa contra la vida mercantilizada.

No es difícil intuir dónde está la lealtad del director, ni con cuál de los personajes simpatiza, pero por fortuna Paterson evita los diagramas simplones. Laura, por ejemplo, no es un personaje odioso. Su narcisismo, aunque evidente, siempre viene cargado de entusiasmo. Hay goce en lo que crea, dibuja, compone y hornea, si bien la tirada siempre es venderlo. Es, por lo menos en la superficie, un personaje más alegre que su novio, a quien Driver interpreta como un hombre ajeno a su entorno –casi un extraterrestre como el Starman de Jeff Bridges– y solo enteramente feliz cuando descubre a alguien o algo que se sale de su rutina, digna de Groundhog Day. Estos descubrimientos son el mayor acierto de Jarmusch, en gran medida porque contrarrestan la aparente misantropía de Paterson. ¿Quién es una persona más conectada con el mundo real? ¿Laura, que no sale de su casa más que para vender cupcakes? ¿O Paterson, que disfruta conversar con cualquier persona, por más peculiar que sea?

Jarmusch, sin embargo, no utiliza su película únicamente como punto de partida para un debate. Llena de sorpresas, de guiños visuales que se repiten como rimas internas, Paterson es dulce y sui géneris. El retrato de un artista entrañable.

Twitter: @dkrauze156

También te puede interesar:
'The Founder', las hamburguesas están envenenadas
'Trainspotting 2', turistas en su propia juventud
'Beauty and the Beast', un refrito injustificable