Opinión

Pasiones carnales

    
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El procurador Raúl Cervantes, durante una reunión en el Senado. (Cuatroscuro)

Antes de que Raúl Cervantes fuera procurador y se le propusiera para fiscal; antes aun de que comprara su Ferrari, del que no paga tenencia por ser muy rico, el único 'carnal' era el carnal Marcelo, compañero de pachangas y aventuras del inolvidable Tin Tan, carnal de carnales. Algunos quisieron endosar el mote a Ebrard por ser tocayo del comediante, pero realmente no tuvo mucho pegue. Hasta que llegó la posibilidad del nombramiento de Cervantes como fiscal y alguien le puso 'fiscal carnal'. Imagino que el apodo tiene que ver con que carnal es una forma de llamar a alguien que es más que un compañero, algo superior a un amigo, es casi un hermano. En términos chilangos: un carnal.

Así pues, Raúl Cervantes era el carnal de Enrique Peña y del gobierno. Y como carnal, los cubriría de cualquier chanchullo, les cuidaría las espaldas y les garantizaría impunidad. Por donde se le viera, el nombramiento del actual procurador como fiscal era una absoluta burla y una desproporción, además de constituir una completa distorsión de la reforma en ese tema. Que Cervantes no vaya a serlo es un asunto que merece aplausos, pero que nos habla mucho de cómo se hacen las cosas entre los partidos en las cámaras de Diputados y Senadores.

El tema del fiscal carnal ha desatado una crisis en el ámbito legislativo. Resulta que cuando el PAN –con Gustavo Madero y Ricardo Anaya a la cabeza– era el tapete de Peña Nieto y su gobierno, fueron aprobados el nombramiento de Cervantes como procurador y el pase automático a la Fiscalía. Cuestión de recordar que tooodos los senadores panistas votaron a favor de Cervantes como procurador. En esa ocasión, al flamante procurador le aplaudieron los senadores durante ocho minutos –no le hubieran aplaudido así ni a Thalía–. Poco tiempo después resulta que los panistas aplaudidores lo odian y les parece un monstruo. Bueno, ¿pues qué le vieron para aprobarlo unánimemente y vitorearlo de esa forma?

Lo mismo pasa con el presidente del PAN, su secretario general y su vocero, que votaron, junto con toda la bancada blanquiazul en la Cámara de Diputados, a favor del pase automático. Ni siquiera han dicho que cometieron una estupidez. Exigen rendición de cuentas del gobierno y son incapaces de explicar su voto. Por supuesto que se vale equivocarse y, qué mejor, rectificar, pero explicar la conducta pública es lo mínimo que se le debe exigir a un político de esos niveles.

La cancelación del proceso de pase automático en la persona de Cervantes levantó verdaderas pasiones carnales. Decir alguna crítica sobre los que votaron antes, merecía el anatema de la corrección política. Parece que la tormenta ha pasado y el resultado es el correcto: no hay pase automático. Es un logro que todos ya sabíamos que iba a pasar –hasta Peña había mandado una iniciativa para cancelarlo–, y Cervantes ya no será fiscal de ninguna manera, es intransitable. Además, el Frente Opositor ya tiene una bandera para tratar de engañar con el asunto de 'la suma de voluntades' y cosas por el estilo. Porque este asunto solamente tuvo que ver con un tema: el 2018.

Ya no hay carnal, pero seguirán las pasiones.

Twitter: @JuanIZavala

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