Opinión

Pasen a tomar atole

Cosa de todos los días: un alcalde, otro alcalde, un diputado, un empresario. Roban con una sangre fría que admirarían Bonnie & Clyde y Jesse James. Repantigado en el mullido sillón del amplísimo estudio, Gil leía su periódico La Razón. En la primera plana, el diario de marras (sí, gran palabra) da cuenta del arresto de Ricardo Gallardo, alcalde de Soledad de Graciano, San Luis Potosí, acusado de delincuencia organizada y uso de recursos de procedencia ilícita. El joven Ricardo parecía un hombre cabal dedicado a las gobernaciones. Tan cabal que Liópez apoyó su candidatura sin siquiera dudarlo. Gallardo había pedido licencia pues preparaba su precandidatura para la gubernatura (ura-ura) de San Luis. Lo dicho, aquí el más chimuelo masca rieles.

Según la acusación por la cual ha sido detenido, el angelito Gallardo desfalcó al municipio entre 2012 y 2014 con unos 200 millones de pesos. Si usted lo ve, Gallardo no rompe un plato, tampoco parece alguien capaz de realizar una cuidada ingeniería empresarial para robar a manos llenas. El edil realizaba pagos por servicios médicos a la clínica de especialidades Wong, los cuales transfería a su vez a otras empresas en las cuales el edil era accionista mayoritario: Inversión Creativa de Desarrollos Inmobiliarios, Gallardo Continental y Tangamanga Continental. Los nombres de las empresas pusieron de cabeza a Gilga; Gallardo y los suyos son ingeniosos e intuyen que la palabra ‘continental’ significa algo muy grande. A veces para ser, no hay que parecer, ese es el secreto. Total: resultó chacalón el Gallardo.

Un zorro plateado

Gil se imagina escenas de película: salga con las manos en alto, Gallardo, está rodeado. O bien: más vale que se entregue, salve la vida de sus secuaces, chacal del demonio. Nada, puras vulgaridades: al momento de ser detenido, a Gallardo lo cuidaban ocho escoltas que depusieron las armas, el jefe fue recluido (ah, la primera voz pasiva del año) en el Cefereso (los acrónimos exaltan a Gamés) número 11 de Hermosillo, Sonora. Gallardo se había tomado una fotografía con una arma larga (no empiecen ni presuman) que daba miedo con sólo verla, una similar a la que usó Rambo para destruir un pueblo porque la policía lo molestó. En fon.

Gil no ha dicho que el alcalde pertenece al PRD y fue candidato durante la presidencia perredista de Jesús Zambrano. Caracho con ustedes, Chuchos, ya ni la chuchan. De plano pasen a tomar atole todos los que van pasando: usted, adelante, candidato; usted, también; oiga, pero este señor es sospechoso de tener cercanías de fuego con el narco; mentiras, candidato y no se diga más. Uta, Los Chuchos han dilapidado la credibilidad del PRD, si alguna le quedaba. A ellos también los hicieron polvo.

El senador Encinas afirmó que seguramente con la detención de Gallardo, “le van a querer colgar el sanbenito a Andrés Manuel, pero independientemente de ello, yo soy partidario de que a todo mundo que se le identifique con algún delito, se le sancione”. Senador, si quiere, le cargamos este caso de corrupción escandalosa de un edil perredista al presidente Peña Nieto, ya se vio que es posible trasladarle al presidente dosis masivas de malestar y desconfianza.

Por cierto, el senador sorprende a Gil. Encinas ya no es aquel Santaclós al cual los niños pedían juguetes durante todos los meses del año; no, señores y señoras, el senador Encinas luce esbelto y fuerte a la vez, con trajes bien cortados, su pelo y su barba blancos como la nieve inspiran confianza, un verdadero zorro plateado. Usted lo ve y piensa en un homme de la gauche. Pero no nos desviemos, el corazón simple de Gil pregunta al viento: ¿Liópez dirá algo al respecto? ¿O acusará de nuevo a la mafia del poder de los robos del joven Gallardo?

De salida

Mientras el postróleo bajaba como la espuma, Gamés se enteró en su periódico El Financiero de que la empresa Dunkin’ Donnuts regresará al mercado nacional con más de 100 sucursales en los próximos años.

Gamés leyó esta noticia como una prueba definitiva de que estamos locos. El país más gordo del mundo, el lugar en el cual se arrinconó a las refresqueras, a los empresarios que fabrican alimentos chatarra, donde se prohibió la venta de pastelitos en las escuelas, permite que se instale el negocio más gordo del mundo: donas glaseadas de mil calorías la pieza. Cada vez que Gamés ve una dona transpira de angustia y cierra los ojos. Locos, de plano.

La máxima de Oscar Wilde espetó dentro del ático de las frases célebres: “En estos tiempos los jóvenes piensan que el dinero lo es todo, algo que comprueban cuando se hacen mayores”.

Gil s’en va.

Twitter: @GilGamesX