Opinión

Partidos políticos,
insólito semillero

Según Transparencia Internacional, México ocupa el lugar 103 de entre 175 países en materia de corrupción, 82 posiciones por debajo de Chile y 34 por debajo de Brasil. Entre los 34 países que integran la OCDE, México está en el lugar 34.

Por otra parte, de acuerdo con el Inegi (Encuesta de Calidad e Impacto Gubernamental 2013, publicada en junio de 2014), 89.7 por ciento de los mexicanos percibe a los policías como el sector más corrupto, seguido de los partidos políticos con 84.4 y el Ministerio Público con 78.4 por ciento.

Detengámonos en quienes gozan del segundo lugar: los partidos políticos, que son el semillero de nuestros gobernantes y legisladores.

De los partidos políticos surgen quienes protestan cumplir y hacer cumplir la ley, los responsables de velar por la vigencia del Estado de derecho, los que deben procurar justicia, los que deben trabajar para impulsar el desarrollo y la equidad.

De los partidos políticos emergen los que hacen las leyes, los que a través de la tarea de legislar deben crear un marco jurídico justo, equitativo, de vanguardia, que aliente el desarrollo, la justicia social, la seguridad y la concordia.

De los partidos políticos surgen los que ocupan las más altas responsabilidades políticas y de la administración pública; son presidentes, gobernadores, alcaldes, primeros y segundos niveles de todas las administraciones, sean federales, estatales o municipales.

Ponemos en sus manos enormes recursos para que los ejerzan con sabiduría, eficiencia y honradez, para que impulsen la infraestructura pública, las comunicaciones, la educación, la salud, el desarrollo social, la eficaz y justa recaudación, el turismo, la seguridad.

Todo aquel que asume un alto cargo de gobierno tiene entre sus responsabilidades trabajar para lograr el máximo rendimiento de cada peso, el mejor desempeño del personal que dirige, la mayor capacidad de interlocución para generar acuerdos y soluciones.

Los partidos políticos son los ríos que alimentan ese océano de servidores públicos. Para que los océanos estén limpios, limpios deben ser y estar los ríos que los alimentan.

Es extraña la conclusión no confesada de los mexicanos: creemos que los partidos políticos no son confiables, y sin embargo esperamos que lo sean los cientos de militantes que colocan en gobiernos de todos los órdenes.

Ponemos a los partidos políticos en segundo lugar en la percepción sobre corrupción y mantenemos esperanzas de que cada gobierno sea mejor que el anterior.

Censuramos las argucias, las componendas, los acuerdos velados en las cúpulas partidistas, y esperamos que lo que nos ofrecen, léase gobernantes y legisladores, sea de calidad profesional y moral.

Atestiguamos cómo los partidos políticos defienden, ocultan, envuelven en algodón a aquellos de sus militantes de los que deberían avergonzarse, y aun así creemos que a la hora de postular a sus candidatos a cualquier puesto de elección popular nos presentarán a mujeres y hombres honorables.

Estamos convencidos de que el semillero es deficiente, errático, limitado y esperamos, quién sabe por qué, que las semillas sean buenas y los frutos mejores.

¿Es ingenuidad, incongruencia, torpeza, ganas de creer? No sé, pero creo que es, al menos, mucho pedir.