Opinión

Partidismos

     
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Partidos políticos.

¿Por qué, dadas las circunstancias del país, hay gente que piensa dar su voto al PRI? Esta es una pregunta que me han planteado ante los resultados de encuestas que muestran a ese partido en una posición competitiva rumbo a los comicios de este año. La principal disonancia es que los bajos niveles de aprobación del presidente Peña debieran traducirse en un menor apoyo al partido gobernante. Pero las encuestas no lo muestran así, por lo menos en Coahuila y Estado de México.

Las encuestas hoy día nos revelan un doble fenómeno de volatilidad y persistencia. La volatilidad se nota en los cambios de preferencias que se registran de un momento a otro, como la repentina caída de Josefina Vázquez Mota en el Estado de México, o el ascenso de Miguel Riquelme en Coahuila, en tan sólo unos cuantos días. Y podrían verse más cambios una vez que inicien formalmente las campañas.

La volatilidad se debe en buena medida a que una gran parte del electorado (alrededor de la mitad, dependiendo del estado) no siente apego o lealtad a ningún partido político, por lo que sus preferencias son propensas a modificarse ante las circunstancias, a reflejar información política nueva o estados de ánimo cambiantes.

En contraste, la persistencia es una señal de lo bien anclados que están ciertos electores a algún partido. El partidismo representa un arraigado y, en muchos casos muy fuerte, sentido de identidad política, la cual no es fácil de cambiar: para muchos electores dura toda la vida. Tanto para el PRI, como para los demás partidos políticos, la base partidaria, su llamado voto duro, resulta muy importante para mantener un voto estable.

Para algunos, tratar de entender la lealtad a un partido es como lidiar con lo absurdo. He leído comentarios de que ser partidario del PRI no sólo es inentendible, sino también inexcusable. Igualmente, para un partidista duro, la falta de compromiso y lealtad resulta inentendible, por no decir incongruente. Así es la política electoral: un punto de encuentro y desencuentro entre lo volátil y lo persistente. Quienes se dedican a las campañas electorales lo tienen muy claro: unos son los switchers y otros los duros, dos mercados electorales diferentes, con distintas lógicas, conductas y retos.

En las encuestas nacionales que EL FINANCIERO ha realizado a lo largo del último año a más de cinco mil mexicanos, el dato resulta muy revelador: 53 por ciento del electorado nacional es partidista, mientras que 47 por ciento restante es apartidario.

Entre los partidistas, 23 por ciento dice ser muy partidista; es decir, son seguidores duros y leales. El 30 por ciento restante es partidista blando, seguidor pero no tan apasionado como los duros, aunque, aún así, la probabilidad de que voten por su respectivo partido político es muy alta.

El partidismo en el país está distribuido entre todas las opciones políticas, pero se concentra en las cuatro más grandes. Según las encuestas de EL FINANCIERO, 95 por ciento de la intención de voto efectiva de los partidistas duros se concentra en los cuatro principales partidos políticos: PRI, PAN, PRD y Morena. En comparación, entre los partidistas blandos esos cuatro partidos atraen 88 por ciento de las preferencias. La proporción de partidistas duros y blandos que piensa votar por una opción independiente es apenas de 1.0 y 2.0 por ciento, respectivamente.

En contraste, los cuatro partidos más grandes captan 65 por ciento de la intención de voto de los apartidistas, quienes reparten más sus votos a otras opciones, incluido 14 por ciento que votaría por un independiente. Este último dato es para pensarse: incluso los apartidarios votan mayoritariamente por los partidos, aunque repartan más sus votos.

La política electoral es un escenario que incluye partidistas de diversos colores, muchos de ellos muy apasionados. Un dato adicional: los partidistas suelen votar más que los apartidistas. Habrá que entenderlos para entender las elecciones.

Twitter: @almorenoal

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