Opinión

Parejas depresivas

   
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Pareja

Es atractivo pensar que la autonomía emocional se alcanza con conciencia, deseo y con decisiones encaminadas a evitar dependencias insanas a personas o sustancias, y que desde esta postura se logra asumir plena responsabilidad sobre el destino individual.

Sin embargo, el impacto del entorno existe y es relevante incorporar lo relacional: la influencia de las relaciones más cercanas en la forma de ver el mundo y en cómo se teje salud o enfermedad en pareja y en familia.

Por ejemplo, en la depresión es posible pensar que ya no hay de que preocuparse porque existen fármacos maravillosos que pueden sacar adelante a cualquiera que lleve un tiempo considerable viviendo en el pozo profundo de la tristeza. Lo cierto es que estas alternativas son insuficientes si no se considera el ambiente social y familiar de los pacientes, que apuntalan o entorpecen el poder de los medicamentos.
Una entidad muy estudiada por los terapeutas sistémicos es el vínculo que se establece en una pareja en la que uno de los miembros tiene una depresión.

Slipp, un teórico de los vínculos amorosos, ha descrito esta relación como un “patrón simbiótico de supervivencia”, que puede explicar sin duda alguna muchas otras relaciones, como la de la madre y un hijo depresivo o la de un par de hermanos en el que uno de ellos está deprimido constantemente. El patrón simbiótico de supervivencia significa que en una díada ambos reciben el impacto de la depresión. Uno juega el rol de frágil y deprimido y el otro el de fuerte y rescatador. La simbiosis, que es un vínculo insano de sobreinvolucramiento y codependencia, no permite que quien está deprimido mejore porque rompería el equilibrio de la relación. El guión inconsciente que dos han pactado es que uno debe mantenerse mal y el otro vendrá a rescatarlo; de no ser así, tendrán que cambiar el libreto y aprender una nueva dinámica para comunicarse y quizá establecer una relación más igualitaria.

En las díadas o en las parejas con un miembro depresivo, quien hace el papel del fuerte manda mensajes de devaluación y de culpa: “siempre estoy cuidándote, he dejado de hacer mi vida por tu culpa, uno de estos días terminaré abandonándote”. Puesto así, parecería que la parte fuerte de la relación realmente está cansada y lista para volar. Lo que pasa en la realidad es que existe una colusión inconsciente que atrapa a ambos y que hace imposible la separación o el cambio de modelo relacional.

Un vínculo importante de pareja –por ser de larga duración o por su intensidad– se construye necesariamente con mecanismos inconscientes que permiten sentimientos de cercanía y unidad. Por ejemplo, la identificación proyectiva es una forma inconsciente de comunicación que sirve para que cada uno se deshaga de los contenidos peligrosos o indeseados del self y se los proyecte al otro, que debe estar dispuesto a recibirlos y a apropiárselos. Por eso no sería raro pensar que quien parece el fuerte es el deprimido y el deprimido, el fuerte. La identificación proyectiva es una mecanismo que puede ser patológico si lo que se lanza al otro es destructivo, pero también es el camino del amor. Si lo que se proyecta en el otro son los aspectos buenos del self, las ilusiones y los anhelos, el otro puede enamorarse al recibir estos contenidos y proyectando sus propias partes amorosas. Así funciona el amor, el odio y la perpetración de un vínculo depresivo.

Las parejas se coluden: tienen narrativas comunes en las que cada uno asume un rol. Mientras más rígido, más disfuncional. Como una esposa que funciona siempre como madre y un marido que hace las veces de hijo dependiente. Esta dinámica es común en la depresión, en el alcoholismo o en cualquier otra enfermedad mental o física que genere un desequilibrio de fuerzas en la pareja.

La única salida para estos mecanismos inconscientes que desarrollan las parejas a lo largo del tiempo es hacerlos visibles, conscientes y ser capaces de retarlos, aprendiendo a relacionarse de manera que ambos puedan validar lo que el otro siente y expresa, y reconociendo que cada uno es cada uno. Cuando los patrones colusivos, las identificaciones proyectivas y el atrapamiento resultante es exagerado, será necesario buscar ayuda terapéutica para romper el guión destructivo de la relación.

*Vale Villa es psicoterapeuta sistémica y narrativa. Conferencista en temas de salud mental.


Twitter: @valevillag


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