Opinión

Parámetros de la renegociación

  
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¿Por qué importa el TLCAN?

Aunque desde hace años se vislumbraba la necesidad de reformular integralmente el TLCAN, nadie tuvo la iniciativa de hacerlo. Esto a pesar de que nuestros socios se mostraban inquietos, de que existían cláusulas obsoletas y de que habían surgido temas importantes no contemplados en el texto original. Como quiera que sea, nos están forzando a hacerlo y debemos tener claros los parámetros dentro de los que nos moveremos.

El primero a considerar es el clima político. Muchos no alcanzan a comprender el alcance del cambio en la política económica de Estados Unidos (EU). Por lo mismo, son optimistas y creen que, con pequeñas modificaciones, el Tratado seguirá funcionando como hasta ahora.

No analizan que, con excepción de las últimas décadas, EU ha sido proteccionista toda su historia. Quienes hoy dominan en Washington están convencidos de que eso les permitió convertirse en la primera potencia mundial y que la actual falta de dinamismo económico se debe a que experimentaron fallidamente con la apertura.

Su percepción es que el déficit comercial y el declive de la manufactura son culpa de socios ventajosos, que los han despojado de las inversiones y los puestos de trabajo. En consecuencia, el actual gobierno despliega una política industrial que busca sustituir importaciones y regresar capitales y empleos. Para ello, usará todo un arsenal de políticas orientadas a que su país acuda con ventajas a los mercados internacionales. Esas ventajas serán incompatibles con las pautas del libre comercio en general, y con lo estipulado en el TLCAN en particular.

NO SERÁ FÁCIL
De ahí deriva la segunda cuestión: la complejidad que supone revisar en ese contexto todos los temas del contenido original, más los que urge incluir, como comercio electrónico. Lo que ellos pretenden es exactamente lo contrario a lo que nosotros queremos. Encontrar puntos de convergencia será muy difícil y, si se busca alcanzar consensos, inevitablemente quedarán abiertos muchos expedientes. No debe descartarse la posibilidad de que las conversaciones fracasen y se opte por denunciar lo que ahora tenemos e intentar otro tipo de arreglo.

El tercer asunto a contemplar es que eventualmente Canadá pactará de forma separada con EU. Recordemos que esa nación ya contaba con un tratado con ellos cuando entró al TLCAN. En muchos capítulos, México simplemente se sumó a lo ya acordado y varios otros fueron convenidos bilateralmente.

Canadá registra una relación comercial muy diferente a la que acá tenemos con los vecinos del norte. Las pugnas entre ellos giran alrededor de cuestiones que no atañen a nosotros (como las restricciones a las importaciones de madera canadiense o las diferencias respecto a las industrias culturales). Además, en años recientes Estados Unidos ha tenido superávits en manufacturas.

Consecuencia de todo lo anterior es que la renegociación no será cosa de unos cuantos meses. En los noventas el TLCAN se pudo concluir relativamente rápido porque hubo perspectivas coincidentes y apoyo político por los tres lados. Ahora es diferente: las posiciones son diametralmente opuestas, la mayoría legislativa allá es endeble y aquí está por concluir una administración y es incierto el enfoque que mantendrá la siguiente.

Tomemos como ejemplo lo sucedido con el Acuerdo Transpacífico. México, Estados Unidos y otros participantes iniciaron pláticas en enero de 2008 y no se logró llegar a un borrador final hasta octubre de 2015, luego de 19 rondas de negociación e incontables reuniones ministeriales. Se firmó por fin en enero de 2016 y hasta enero de este año, cuando Trump lo abandonó, sólo Japón lo había ratificado. Desde luego, es un acuerdo mucho más complejo que el TLCAN, pero lo que hay que observar es que donde todo se atoró fue en el Capitolio, a pesar de que las pláticas se llevaron en secreto y se consintió en casi todas las exigencias de los cabilderos americanos.

En el mejor de los casos, si los diálogos iniciaran en el último trimestre de este año, si se apresuraran las consultas que exige la ley, si se llegara a un texto aceptable por las partes en unas cinco rondas de conversaciones (algo realmente improbable), y si se consiguiera la mayoría necesaria en el Congreso de EU en los 90 días legislativos que exige la trade promotion authority (fast track); se podría estar aprobando la nueva redacción a finales del año próximo, en los últimos días del sexenio.

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