Opinión

Paraísos regulatorios

 
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Netflix

Siempre es provechoso voltear la mirada hacia países con mayores avances económicos, sociales, tecnológicos, regulatorios, pues, entre otras cosas, nos da la ocasión de observar la implementación de políticas públicas, sus resultados, y hacer una evaluación sobre lo que ocurriría de aplicarse en nuestro país.

Normalmente, las buenas experiencias internacionales no agradan a quienes dominan en los mercados locales.

Esta semana trascendió que la Comisión Europea impondrá a las plataformas que prestan servicios de video bajo demanda u OTT´s (Over The Top), tales como Netflix, Apple TV o Amazon, dos medidas regulatorias novedosas: por un lado, incluir una cuota de 20 por ciento de obras audiovisuales de producción europea en los catálogos que ofrecen y, por el otro, contribuir económicamente a la producción de obras europeas, ya sea a través de la inversión directa en el creación de contenido o mediante contribuciones a fondos nacionales.

Antes, los europeos sólo establecían obligaciones semejantes para las estaciones de televisión abierta, conforme a la Directiva de servicios de comunicación audiovisual de 2010, que les obligaba a reservar 10 por ciento de su tiempo de transmisión a obras europeas de productores independientes, o bien 10 por ciento de su presupuesto de programación a la producción dichas obras.

La resolución de la Comisión Europea es una auténtica revolución regulatoria pues va de lleno contra el paradigma de que todo lo que sucede en internet es no regulable, y que cualquier intento por hacerlo constituye un abuso a la libertad de los usuarios, de los operadores y de los creadores de contenidos. Se acabó esa ficción y ese vacío.

Para los servicios OTT´s la nueva regulación significará el inicio del fin de un paraíso regulatorio al existir una mayor equidad regulatoria frente a otros servicios audiovisuales, como la televisión abierta y la televisión de paga. No se trata de restringir innecesariamente una actividad económica sino de evitar que se haga el desplazamiento indebido de otros servicios en competencia.

Los OTT´s han venido operando en México y en el mundo en un paraíso regulatorio que contrasta con la industria de televisión abierta y la de televisión restringida, cuyos contenidos están sujetos a abultadas cargas administrativas, regulatorias y de competencia económica, tales como el pago de impuestos federales, estatales y municipales, tanto generales como especiales; el pago de impuestos en especie (el llamado 'tiempo fiscal'); a llevar a cabo transmisiones gratuitas adicionales, y a una complejísima, restrictiva y vergonzosa regulación electoral, entre otras cosas.

El problema de fondo es que el mercado de los OTT´s y de la televisión abierta y de paga es el mismo: personas que buscan entretenerse e informarse con contenidos audiovisuales.

De acuerdo a la consultora The Competitive Intelligence Unit, los OTT´s en México suman 5.6 millones de usuarios, en tanto que la televisión restringida suma 18.2 millones de suscriptores. De acuerdo con DATAXIS, el crecimiento de los usuarios OTT´s es de 50 por ciento anual y se estima que en un par de años igualarán a los de televisión de paga.

Toda esta realidad ha pasado de noche para nuestra autoridad regulatoria, el Instituto Federal de Telecomunicaciones, para quien los OTT´s, en esencia, no existen. Para el IFT no es necesario hacer consideración alguna acerca del hecho de que América Móvil tiene 28.7 por ciento de los consumidores de OTT´s, a pesar de que su título de concesión le prohíbe prestar servicios de televisión.

Para el IFT los servicios OTT´s no existen siquiera como una realidad de mercado, lo que de plano ya parece incomprensible. Por ejemplo, en su cuarto informe trimestral de 2015, el IFT no mide la penetración y avance de los OTT´s ni la posición que representan en el mercado de contenidos audiovisuales, ni su correlación frente a otros servicios, como la televisión restringida; se limita a señalar que “en este mercado se pueden presentar importantes cambios durante los próximos años dada la entrada y rápido crecimiento de servicios de video OTT (Over The Top) como Netflix o Hulu”.

Pensándolo bien, el fin del paraíso regulatorio no sólo lo es para los OTT´s.

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