Opinión

Paradojas electorales

 
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PRD cerró campaña en el Zócalo capitalino. (Alejandro Meléndez)

Los partidos, a través de sus legisladores, hacen las normas electorales, y luego se quejan de ellas. O simplemente las ignoran.

¿Las leyes son para cumplirse o para alentar la inventiva de los transgresores sistemáticos? Con las normas más restrictivas de la historia, las campañas registraron cientos de irregularidades. Para cada candado, un cerrajero, que además saca copias de las llaves y las reparte alegremente.

Las sanciones tienen la función de castigar a quienes violan la ley y de aleccionarlos: mira lo que te pasa si lo haces. Y sin embargo, el partido más sancionado durante el proceso electoral, y por lo tanto el que debería haber aprendido la lección, tuvo la delicadeza de seguir haciendo trampa, incluso el día de las elecciones. Por cierto, el INE ordenó detener los tuits de apoyo al Verde cinco horas después de que se cerraran las casillas.

A los partidos políticos, que en diversas encuestas están en el top five de las instituciones menos confiables del país, les entregamos cada año miles de millones de pesos.

Las campañas de los candidatos independientes, triunfadores algunos de ellos, vienen a demostrar que no hacen falta tantos millones para hacer proselitismo electoral. Nuestras elecciones son artificial y convenientemente caras.

Todo mundo parece estar atento a que no se rebasen los topes de campaña (de los adversarios), pero nadie repara en si se gasta menos. ¿A dónde van a dar los sobrantes?

Los votos de castigo los aplican los ciudadanos y los leen los analistas. Los partidos parecen ser, en ese lenguaje, analfabetos. Sus conclusiones no hablan de ello.

Parecen sorpresivos los resultados en el Distrito Federal; en realidad el PRD y Morena nada más se dividieron la clientela. Y PRI y PAN aprovecharon para pescar en izquierda revuelta.

En Nuevo León, Jaime Rodríguez Calderón ganó votos por el mérito de su campaña, pero sobre todo por default. Lo que querían los neoloneses, que no se hacen muchas ilusiones con el virtual gobernador, era decirle No al PRI y al PAN. Buena fortuna es pasar por las urnas cuando los votos están en remate.

Cuauhtémoc Blanco ganó porque su estrategia fue congruente: en una contienda política, se presentó como exfutbolista, no como político.

Si existiera el Partido del Voto Nulo, habría ratificado su registro holgadamente y estaría festejando que en 25 años sus adeptos se han incrementado en 60 por ciento.

El PRI conservó (lo que dadas sus circunstancias es ganar), el PAN empató, el PRD perdió, Morena recogió, el Verde arrebató, Movimiento Ciudadano capitalizó, Encuentro Social sobrevivió, Nueva Alianza flotó, el PT agonizó y el Humanista expiró.

Mientras no haya pruebas en contrario, y hasta ahora no las hay, los funcionarios de casilla, nada menos que ciudadanos, se comportaron impecablemente, en contraste con el comportamiento de partidos y de muchos candidatos. ¿Tomarán nota los partidos? ¿Ya se dieron cuenta de la altura de la ciudadanía a la que gobiernan o aspiran gobernar?

Que lo tengan presente: si la jornada electoral fue armónica y decente no se debe a ellos, que se empeñan en manchar lo que tocan, sino a una ciudadanía dispuesta a seguir apostando por la democracia.

Y tres preguntas: ¿Qué hizo que los bravos saboteadores se convirtieran en invisibles corderitos el día de la elección? ¿Será que en los días previos se obstinaron en destruir y amenazar sólo para encarecer la extorsión? ¿Alguien la pagó?

opinion@elfinanciero.com.mx

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