Opinión

Paradise Papers, consorcios, financieros y políticos en la misma red

08 noviembre 2017 5:0
 
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Paraísos fiscales

Las recientes revelaciones sobre empresas creadas en “paraísos fiscales”, conocida como los Paradise Papers, confirma lo que antes se vislumbró en el primer ejercicio global de periodismo colaborativo, conocido como los Panamá Papers: se rompió el secreto de las empresas offshore y de sus principales accionistas a nivel internacional, al tiempo que se comprueba la profundidad de las redes de complicidad entre las grandes compañías y los actores políticos de primer nivel.

La evasión fiscal de estos grandes consorcios les cuesta a los países de origen más de 100 mil millones de dólares al año, mientras que el nivel de concentración de la riqueza se agrava, a costa de muchos ciudadanos que tienen que cumplir con sus obligaciones impositivas.
Este fenómeno va de la mano con la complicidad de los funcionarios, políticos, legisladores y exservidores públicos de cada país responsables de vigilar a estas empresas.

Los Paradise Papers constituyen una mina de oro por la cantidad de datos e información que apenas se están procesando: hablamos de un total de 13. 4 millones de documentos que contienen más de 31 mil clientes del despacho Appleby; los gigantes corporativos como Apple, Nike, Uber y hasta las empresas mexicanas América Móvil o Grupo Elektra pudieron desarrollarse con estas técnicas para evadir las obligaciones fiscales o aminorar su impacto.

Las empresas offshore se crearon desde la segunda mitad del siglo XX para facilitar el movimiento financiero, sin la fiscalización de las autoridades hacendarias de cada país de origen. La ventaja de estas compañías era el secreto y el ocultamiento de sus estructuras corporativas y de sus testaferros.

Los secretarios de Hacienda o responsables del Tesoro de varios países, incluyendo al mexicano José Antonio Meade, se han apresurado a afirmar que tener capitales en el extranjero no es ilegal, pero que “van a investigar”.

“Hay que averiguar. Lo hemos hecho en los otros casos y hemos encontrado, en la mayor parte de ellos, que eran recursos que se habían declarado y que habían pagado impuestos”, afirmó Meade en una entrevista de prensa.

Sin embargo, ni el titular de Hacienda ni las otras autoridades que han reaccionado a estas revelaciones mencionan lo realmente grave de esta información: la creciente complicidad entre las redes empresariales, las del crimen organizado y los propios políticos.

Algunos ejemplos de estas redes entrelazadas bajo el secreto de los “paraísos fiscales” son los siguientes:

1.-En el caso mexicano, Joaquín Gamboa Pascoe, exdirigente de la CTM, militante y exlegislador priista en varias ocasiones, ocultó dinero por no menos de 15.5 millones de dólares en estas cuentas offshore. Se trata de un líder sindical que debió haber defendido a sus agremiados y terminó reproduciendo las mismas prácticas que los empresarios.

2.- Aparecen en los Paradise Papers el exsecretario de Hacienda salinista, Pedro Aspe Armella, uno de los funcionarios más poderosos de las últimas décadas, tutor y asesor de la mayoría de los tecnócratas que nos gobiernan. Aspe creó la firma consultora Protego Asesores, justo en el periodo de la alternancia mexicana (2000-2012), para asesorar a gobiernos estatales en el manejo de sus deudas. Protego se fusionó en 2016 con Evercore México Capital Partners y estableció una empresa en la isla de Barbados. Es más que preocupante que las finanzas de la consultora responsable de la negociación de miles de millones de presupuestos estatales y federales se mantengan en la opacidad.

3.- A nivel internacional, aparecen funcionarios de alto nivel del gobierno de Donald Trump, como el secretario de Comercio, Wilbur Ross, así como el secretario de Estado, Rex Tillerson. La pista de Ross lleva a la pista del Rusiagate; es decir, de la trama de empresas “pantalla” de Rusia, vinculadas al gobierno de Vladimir Putin, que presuntamente incidieron en la elección presidencial norteamericana de 2016.

Ross invirtió en la empresa naviera Navigator y en la compañía energética rusa Sibur. Ambas están relacionadas entre sí y uno de sus dueños es Kirill Shamalov, yerno del gobernante ruso Vladimir Putin, nada más y nada menos.

4.- La jefa del Estado británico, la reina Isabel II, junto con un donante del gobernante Partido Conservador, también aparecen en la trama de los offshore. El Ducado de Lancaster, que administra las propiedades y fondos privados de la reina inglesa, invirtió 10 millones de libras (alrededor de 13 millones de dólares) en fondos en las Islas Caimán y en las Bermudas. Según el Ducado de Lancaster afirmó que estas inversiones son “totalmente auditadas y son legítimas”, pero el parlamentario laborista John McDonnell afirmó que tanto la primera ministra Theresa May, como el ministro de Finanzas, “deben explicar cómo se ha permitido que este escándalo haya continuado durante tanto tiempo y qué acciones se piensan tomar”.

5.- El primer ministro canadiense Justin Trudeau también aparece implicado en la estrategia de evasión de fondos. Los archivos revelan que Stephen Bronfman, asesor y amigo de Trudeau, se asoció con Leo Kolber y su hijo, ambos políticos del Partido Liberal, para mover silenciosamente millones de dólares a un fideicomiso en las Islas Caimán.

Desde estas revelaciones, la sonrisa de la reina Isabel II, de Justin Trudeau y de exfuncionarios como Pedro Aspe se ha congelado.

* La autora es senadora de la República.

Twitter: @Dolores_PL

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