Opinión

Para saber mandar hay que saber obedecer

 
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Hugo Sánchez. (Tiempo Real)

“Es un principio indiscutible que para saber mandar bien, es preciso saber obedecer.”

— Aristóteles (algunos se la atribuyen a Solón)

Seguramente usted (como yo) lo escuchó de nuestra abuelita: “Para saber mandar hay que saber obedecer”. Cuando yo la escuchaba (y seguro usted también) pensaba que lo que quería mi abuela era que me ejercitara en el arte de obedecer (en ese momento a ella), para más adelante poder practicar el arte de mandar, y quizá algo hay de verdad en ello.

Pero recientemente esta frase me ha hecho reflexionar, le he visto alcances “nuevos” que para mí le han dado un nuevo sentido. A continuación la enfoco alrededor de cuatro temas distintos:

1. Disciplina: Podría decirse que es bueno ser disciplinado y obediente, para así saber exactamente el tamaño del esfuerzo que se pedirá a los demás cuando se les mande, pero hay que ir más lejos. Y lo hago trayendo una cita de Carlos Llano, que afirma que aún el empleado u obrero que no tiene subordinados, manda, y manda a alguien que es muy difícil de mandar: se manda a si mismo. En efecto, a menudo nos “damos” órdenes o instrucciones que después, simple y sencillamente no estamos dispuestos a obedecer nosotros mismos.

Cuántas veces hemos decidido dejar de fumar o hacer ejercicio (propósitos de año nuevo que a veces no sobreviven ni al árbol de Navidad —si es natural, por supuesto—).

Es más, a veces hasta estamos tan convencidos que compramos una bicicleta estacionaria (que termina sirviendo para colgar la ropa planchada) o, como afirma mi colega Ana Teresa Magaña, asidua concurrente al gimnasio, en enero es cuando más gente hay en el gimnasio, en febrero disminuye y para marzo regresa casi a los niveles de diciembre.

Por lo tanto quizá la frase debería decir “Sabe mandar quien sabe obedecerse a sí mismo”.

2. Ejemplo: Sabemos bien que el ejemplo es un excelente pedagogo (para bien y para mal) así que el obedecer le enseñará a quienes tengamos que mandar que, lo que lo pedimos, lo pedimos porqué sabemos hacerlo. Se los estaremos demostrando con el ejemplo de obedecer cuando nos toca hacerlo. El legendario fundador de Apple Steve Jobs, ahora lo sabemos, era muy autoritario, muy demandante, muy duro, sin embargo la mayoría de los jóvenes universitarios, recién egresados de aquellos tiempos, tan rebeldes y tan enemigos de la disciplina se morían por trabajar con el ¿Por qué? Quizá por el “glamour” de trabajar en Apple, pero más probablemente porque Jobs era muy exigente y pedía la perfección…, empezando por pedírsela a sí mismo, era tremendamente coherente…

3. Pericia: La pericia, “sabiduría, práctica, experiencia y habilidad en una ciencia o arte”, se adquiere obedeciendo. Es como el chef que prueba sus guisos o el mecánico que se sube al auto, para acompañar al cliente, después de repararlo, o el vendedor que de pronto usa lo que vende (para ver si cumple con lo que ofrece). Así que, parafraseando a la Real Academia Española, “La práctica, experiencia y habilidad en mandar se adquiere obedeciendo”.

4. “La práctica hace al maestro”: Otro refrán popular. Este tiene que ver con la adquisición de hábitos, y es que la práctica hace al maestro para lo bueno, pero también para lo malo. Por eso, la definición que más me gusta de virtud es “hábito operativo bueno” (lo contrario de un vicio que se entiende fácilmente como un hábito operativo malo). A medida que vamos practicando el hábito de obedecer, se nos vuelve como un acto reflejo y algunas conductas requerirán poco o menos esfuerzo y saldrán de manera natural, casi orgánica.

En Sushi. Recientemente el chef Daisuke Nakazawa abrió un restaurante de Sushi en Nueva York, antes trabajo 11 años en el “Jiro” un pequeño restaurante de Sushi en Japón que posee las emblemáticas 3 estrellas de Michelin. ¿La anécdota? Para que su Master Chef le aprobara el Sushi de huevo “Tamago”, tuvo que hacerlo 200 veces…

En Fútbol. Todos sabemos lo bien que Hugo Sánchez anotaba los goles tipo ‘chilena’. De hecho, a ese tipo de goles en el Real Madrid de los 80 les decían “Huguiñas” en su honor. Lo que quizá no sabíamos es una anécdota que me contó mi colega Edmundo Vallejo, que iba a ver los entrenamientos de los Pumas, a finales de los 70 a CU: Cuando terminaban de entrenar los jugadores, a las 12 del día, con el calor intenso del medio día, se quitaban la camiseta y se recostaban en el pasto tomándose un refresco. Mientras tanto, Hugo Sánchez ponía a uno de los ayudantes a tirarle centros a la portería para ensayar sus chilenas una y otra vez, cientos de veces. Sabiendo esto comprendíamos por qué hasta parecían tan naturales.

Una querida amiga me decía hace poco que conforme iba “madurando” entendía mejor los criterios de sus padres. Pensé entonces, y reconozco que esa frase que me decía mi abuelita tiene mucho más alcance y significado de los que les daba cuando era niño.

El autor es profesor del Área de Política de Empresa (Estrategia y Dirección) en el Instituto Panamericano de Alta Dirección de Empresa (IPADE) y Director de Programas In-company en la misma institución.

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