Opinión

¿Para qué un encuentro de TV pública?

¿Dónde se aprende una estrategia de provocación para desestabilizar a un gobierno, y las mil maneras en las que se puede torturar y liquidar a un ser humano? ¿Dónde?

Es altamente probable que en el infinito muestrario que el cine y la televisión comercial ofrecen sobre esos asuntos, esté la enseñanza básica y tan diversa que en la práctica se verá complementada. A nuestro alcance está sintonizar las decenas de canales, a cualquier hora, que brindan el formato y las múltiples variables del crimen. No hay exageración; ahí en la prensa diaria y en la pantalla las carteleras de los distintos emisores reptan entre la proliferación de series y películas que proponen como programación cotidiana quienes buscan auditorios, cada vez mayores con qué conquistar a los anunciantes. Y eso significa, a cualquier precio.

Es la concepción natural de quienes gozan de una concesión comercial. No hay regla ni acotamiento alguno que se los impida. Ni siquiera la posibilidad de pensar que con semejantes contenidos lo que se hace es envenenar a la propia familia y a la comunidad en la que se vive.

¿Hay conciencia de ello o alguien tiene que hacerla llegar?

Por ello, el Canal 22 en colaboración con Conaculta y el estado de Puebla, dan continuidad al inicial Primer Encuentro Internacional de Televisión Pública -verificado el año pasado en Tabasco-, para llevar a cabo el Segundo, éste en Puebla. Este encuentro une a especialistas, medios de comunicación, maestros, jóvenes universitarios, conferencistas y ponentes nacionales e internacionales para reflexionar sobre el presente y el futuro del modelo de televisión pública ante la llamada convergencia digital y las formas de contrarrestar el contenido violento de la televisión comercial.

El objetivo de ese encuentro es reflexionar sobre las transformaciones tecnológicas y sus repercusiones en la sociedad como ya lo estamos viendo.

¿Cuáles son las asignaturas pendientes de la televisión pública actualmente? ¿Qué tan cierto es que le caracteriza que es aburrida?

¿Acaso la literatura por ser una de las bellas artes es aburrida y también el cine, la música o la pintura?

Aunado a lo anterior está el vertiginoso desarrollo de las nuevas tecnologías que han hecho del teléfono móvil, de las computadoras y de las tabletas, las formas más usuales para transmitir lo que se quiera. A esto le llamamos ya, la sociedad del conocimiento. ¿Lo es?

Para debatir sobre estos puntos sustantivos del quehacer social cotidiano, se reúnen ideas y personajes provenientes de Argentina, Alemania, Brasil, Colombia, España, Estados Unidos, Holanda, Francia y México, entre otros.

Por si esto fuera poco, el Instituto Goethe lleva a cabo el seminario llamado La Maleta, Prix Jeunesse, que se ocupa de enseñar el cómo se deben realizar y programar documentales y programas informativos para los niños. Niños a los que hasta ahora la televisión concesionada los ve como consumidores.

El vertiginoso desarrollo de la nanotecnología hace pensar a teóricos como Rudolph Wallstein que los días de la televisión convencional, si bien no están contados, si lo está el hecho de que ya no serán los programadores quienes dirán qué ver, dónde y con qué horario. En adelante, será el usuario quien fije las condiciones de recepción, que gracias a su capacidad de participación se transforma en interactuante activo.

¿Y con esto mejorarán los contenidos? Es altamente probable que sea lo contrario, afirma Elisabeth Brontew, ya que el usuario, de raíz, está mal conformado por las prácticas que desde hace un siglo, el cine y, sobre todo, ha hecho la televisión.

Optimizar los recursos humanos, técnicos y financieros para ofrecer al auditorio emisiones creativas, inteligentes y propositivas, es el reto que tiene hoy la televisión que se nutre con el dinero de los contribuyentes.

A esa necesidad quiere responder la televisión pública mexicana.

Twitter: @RaulCremoux