Opinión

¿Para qué 'reformas' sin ética?

 
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Alumnos.

Víctor Manuel Pérez Valera

Cuando en el imperio romano comenzó la decadencia y la corrupción se acuñó una frase de mucho impacto: Quid leges sine moribus (para queé sirven las leyes sin ética). Éste es también nuestro cuestionamiento ante las reformas actuales.

La reforma educativa se ha dado en un clima de rupturas o al menos de desconcierto. Algunos maestros se sienten en el banquillo de los acusados. Se ha creado un malestar, cierta desorientación o desmoralización de lo realizado hasta ahora. Existe el miedo ante el cambio que podría llevar a perder algunos logros sindicales, quizá no siempre legítimos. Todo cambio cuesta, requiere sin duda algunos sacrificios y esfuerzos. Pero ¿se les ha convencido de que el cambio para superarse vale la pena?

Quizá no se ha dado la reforma en un clima de confianza en el que se recuerde la finalidad del trabajo educativo y los valores básicos en los que se inspira.

Los educadores deben caer en la cuenta de la complejidad del mundo en que se encuentran los niños y adolescentes de nuestro país. Es necesario ampliar el horizonte de los estudiantes y hacerlos conscientes de sus responsabilidades para con su familia y la sociedad, como lo postulaba la pedagogía de P. Freire.

En la reforma educativa se habla de la calidad en la educación, pero no se específica con claridad en que consiste ésta. Más que transmisor de contenidos y de información, la educación, sin prescindir de ellos, debe enfatizar los valores y el testimonio del maestro. Si se quitó la asignatura de civismo, que quizá estaba mal enfocada, debería sustituirse por el ejemplo de los maestros que con su vida enseñen las virtudes cívicas de la vida social.

En la pedagogía actual se habla de formación permanente, de formación ejemplar, más que de información. ¿Por qué no entusiasmar a los maestros en esta línea, e impulsarlos a aceptar el reto que significa esforzarse en ser más maduros, serenos, coherentes, y en cultivar las demás cualidades que establecen las líneas ideales del educador.

La planificación educativa, aunque necesaria, no es el núcleo de la reforma educativa. La educación es un proceso de animación, de renovado impulso y de nueva orientación, adaptado a cada etapa del ciclo escolar, a fin de que se dé un crecimiento del educando, un incremento en la asunción de sus responsabilidades. La tarea educativa no puede dejar de ser dinámica.

Ante todo, es menester suscitar en el alumno el deseo de conocer y de amar, que son los únicos deseos irrestrictos del ser humano. Ya Pestalozzi enfatizaba que para cambiar a una persona hay que amarla. Este deseo de conocer se manifiesta en el arte de hacer preguntas, que es el método de la mayéutica de Sócrates.

Poco a poco se debe pasar de las preguntas de intelección a las preguntas de juicio y de valoración: ¿Qué es? ¿Es así? ¿Vale la pena? La educación debe partir de la experiencia de la realidad y para esto puede servir bastante el método de Montessori. Gradualmente, el alumno debe ir tomado mayor conciencia de la realidad y para ello es necesario que se apropie los imperativos del método: está atento, se inteligente, se razonable, se responsable y ama. Los últimos imperativos del método aluden a la Ética, sin ella no existe una verdadera educación.

Con toda razón Gregorio Marañón afirmaba que “toda la obra de la educación no es más que una superación ética de los instintos”. Que sepamos, sólo la SEP de Jalisco dedica una semana para la formación en valores de sus docentes. Estas semanas fueron fundadas por el ilustre político y humanista Efraín González-Luna Morfín cuando fue secretario de educación de Jalisco. Él visitó todas las escuelas y le partió el corazón el observar que en varias escuelas rurales impartían las clases debajo de un árbol, el pizarrón era una tabla pintada de negro, y los alumnos estaban sentados en el suelo. No le era posible remediar esa situación: a la sazón la SEP manejaba un presupuesto mucho menor que el del sindicato. La reforma educativa incluye, por consiguiente, tanto los aspectos materiales como los espirituales y eso implica un serio incremento del presupuesto educativo y, junto con esto, el desenmascarar los miles de maestros “aviadores” (comisionados) que existen en el país.

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