Opinión

¿Para qué les sirve Calakmul a los campechanos?

¿Usted conoce o ha oído hablar de las zonas arqueológicas de Quiahuitztlán, La Quemada, Tenam Puente, Calixtlahuaca, Tepeapulco o El Cerrito? Todas se encuentran en México y el año pasado cada una recibió más visitantes que la de Calakmul, catalogada desde 2002 por la Unesco como Patrimonio Cultural de la Humanidad.

Y no sólo eso. Calakmul es una imponente ciudad maya edificada en medio de la selva de Campeche, reserva de la biosfera de más de 750 mil hectáreas, rica en flora y fauna, por lo que el pasado junio la Unesco también la incluyó en su lista de Patrimonio Natural, lo que convirtió a la zona en Patrimonio Mundial Mixto, certificado que hace dos días recibió el presidente Enrique Peña Nieto de manos de Nuria Sanz, representante en México de este organismo de las Naciones Unidas.

Sin duda da mucho gusto que en México sucedan estas cosas, pero aquí la pregunta es: ¿por qué si desde hace doce años Calakmul es Patrimonio de la Humanidad, muy poca gente ha estado ahí y resulta que en una lista de 187 sitios arqueológicos que monitorea el Instituto Nacional de Antropología e Historia, esta ciudad maya aparece en el lugar 47 por número de visitantes?

El año pasado, estas 187 zonas arqueológicas recibieron en total a 11 millones 880 mil turistas, de los cuales únicamente 23 mil 400, es decir: 0.20 por ciento estuvieron en Calakmul. Cuando uno ve los ríos de gente que siempre están recorriendo Chichén-Itzá, Teotihuacán o Tulum, se hace casi increíble pensar que a Calakmul sólo llegan 64 visitantes al día.

Para ser más exactos en el comparativo, el top cinco de las ciudades prehispánicas más visitadas en nuestro país son: Teotihuacán, con dos millones 324 turistas; Chichén-Itzá, dos millones 203 mil; Tulum, un millón 289 mil; Cholula, 701 mil y Palenque con 584 mil.

En 2002, cuando fue declarado Patrimonio Mundial, Calakmul recibía 11 mil turistas anuales (0.11 por ciento del total nacional) y, aunque en doce años duplicó este número, el flujo de asistentes sigue siendo muy pobre y queda claro que las autoridades locales y las turísticas a nivel federal no se han esmerado lo suficiente para poner en valor y aprovechar de mejor manera esta joya maya.

Para entender mejor el potencial económico de Calakmul como atractivo turístico, podemos ver el caso de Machu Picchu, también Patrimonio Mixto. Recientemente, en una visita a México, José Carlos Nieto, jefe de este santuario peruano, explicó que el turismo en su país tiene una tasa de crecimiento de 7.7 por ciento anual (muy superior a la de México), con ingresos por tres mil 600 millones de dólares (muy por debajo de los de México). Y de los tres millones de viajeros que reciben, 40 por ciento van a Machu Picchu. La derrama de divisas que genera es muy importante, por eso no es de extrañar que en Cuzco, la ciudad más cercana, se encuentren hoteles de algunas de las más caras cadenas hoteleras del mundo.

En contraparte, el estado de Campeche cuenta con un inventario hotelero muy limitado y una infraestructura de comunicaciones deficiente, pocos vuelos hacia su capital, de donde hay que recorrer por tierra 290 kilómetros en un trayecto de casi cuatro horas (también hay la opción de Chetumal, desde donde la distancia es un poco más corta) para llegar a Calakmul.

Campeche es una entidad con gran vocación y atractivos turísticos que no han sabido explotar. Posee grandes ciudades mayas como Calakmul y Edzná; una capital que es una ciudad de piratas, con vestigios de la muralla que la protegía y un malecón que muy pocos lugares en México pueden presumir; con pueblos mágicos interesantes; tradiciones endémicas, como el Día de Muertos en Pomuch, donde los habitantes abren las tumbas para limpiar los huesos de sus muertos; una riqueza natural inconmensurable; buen clima, playas y muy sabrosa comida.

Desde el año pasado, la secretaria de Turismo de Campeche, Vania Kelleher, inició los trámites para que su gastronomía sea declarada Patrimonio Cultural Intangible. Está bien, si lo logra se lo merecen, pero ya es tiempo de que los galardones que reciben dejen de ser solamente diplomas colgados en la pared, para poner en valor toda la riqueza que tienen, riqueza que debe dar mayor bienestar a los campechanos.

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