Opinión

¿Para qué hacerse bolas?

14 agosto 2017 5:0
 
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PRI, PAN Y PRD

Uno. Dígase lo que se diga (en el caso de que la cuestión realmente interese), a partir de los 20 del siglo pasado, sólo contamos con dos matrices (y su ADN) partidarias. El PNR, luego PRM y finalmente PRI, y el PAN. Uno de 1929 y otro de 1939. Al frustrarse la reelección (de iure pero no de facto), del legendario Álvaro Obregón, sin un brazo pero de mano dura, el PNR sirvió para embridar las “legítimas” aspiraciones de los broncos revolucionarios. No sin compromiso, todavía, debemos reconocerlo, con la agenda social del movimiento, de forma en 1910, y de fondo a partir de 1914.

Dos. A finales de los treinta, los profesionistas, los decentes, no pocos intelectuales, gente de ciudad, en suma la clase media enemiga objetiva de campesinos, obreros y clases populares, fundan el Partido Acción Nacional. Inicio de un penoso y largo viacrucis que sólo hasta el sexenio de López Mateos, última expresión del Estado Revolucionario, ve la luz con los Diputados de Partido.

Tres. Además de, en el PRM y en el PRI, el PNR se reproduce en la Corriente Crítica del PRI, en el PRD, en el PT, en el PANAL y en MORENA (el más nostálgico, por cierto, del nacionalismo revolucionario). El PAN se reproduce en sus traiciones, deformaciones, caricaturas, y en partiditos de los que el Humanista (¿por qué no Científico a la usanza porfiriana?), informa la más singular criatura (y la verdad extrañamos las merecidas parodias que hubiera inspirado a los desaparecidos Carlos Monsiváis y Germán Dehesa). Al PRD le nace MORENA.

Cuatro. Bien (o mal, pésimo incluso, según se le vea). Recapitulemos.

Cinco. Si el ADN priista y el ADN panista, como corresponde a todo ADN, huella genética, resultan de imposible borrado por más machincuepas y malabarismos que den algunos de sus arrepentidos, a plena luz pública y con total falta de recato.

Seis. Si, como todos los reconocen, el sistema de Representación parido por la LOPPE en 1976, disque con el antecedente del 2 de octubre de 1968, es un absoluto fiasco, ¿por qué, en vez de alianzas, sacrificio electorero por el PRI de sus ex-gobernadores ladrones (la mayoría del Nuevo PRI como lo presumió el Ejecutivo Federal), sacadas de ojos en la cúpula panista, pies en polvorosa de perredistas, pepena en la basura de MORENA, gobiernos de coalición de última hora, no una medida en verdad radical? Digo, si se pretende que la cosa pública siga igual.

Siete. Cuando digo “todos”, en lo del reconocimiento pánico del absoluto fracaso de la “democracia electoral” (votas y te me pelas), aludo a todos. Empezando por el candoroso sector intelectual que fungió de “intelectual orgánico” (y de asesor, consejero, autoridad electoral), siguiendo el electorado, los órganos dizque arbitrales y los partidos mismos. Proceden las palabras “quiebra”, “bancarrota” (aunque no del presupuesto asignado a la fraudulenta maquinaria electoral).

Ocho. En cuanto al PRI, se han probado sin éxito diversas salidas emergentes: la cruzada democratizadora encabezada por Carlos Madrazo (que tanta adhesión logró de Elena Garro); la Corriente Crítica; y, ahora, la asamblea en la que se colocan parches, se simula la participación de sectores y se pretende, en vano a mi juicio, arrebatarle al “preciso” el “destape” de su sucesor.

Nueve. Por parte del PAN, la entronizada en la Presidencia de la República de dos primitivos sin sentido de Estado, Fox y Calderón, el fuego amigo a matar, la promoción de un “nerd” de escuela confesional como Ricardo Anaya (y mire usted que prometía), la ascendencia de políticos de estricto corte provinciano como Rufo y Madero, etcétera, etcétera.

Diez. Y, por parte del PRD, ramal del PRI, su multiplicación infecunda de tribus y su desdoblamiento en PT y MORENA.

Once. ¿Cuál salida en verdad radical? Si al margen del color partidario, la clase política es la misma en esencia, ¿por qué no el golpe maestro, la alianza electoral PRI-PAN-PRD? Coloquialmente, darle “cran” a la rabia y al perro. Camino despejado a Los Pinos en 2018. 

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