Opinión

Para qué gobernar

La dependencia extrema que tienen las entidades federativas respecto a la recaudación federal, así sea convenida la cesión de facultades impositivas, ha generado una debilidad estructural y política en las mismas, que se traduce en un endeudamiento casi galopante –concentrado en algunas-, insuficiencia de recursos para poder contribuir a la mezcla que son los pari passus y accesar a otros recursos federales, en un contexto de federalismo centralizado, además sin facultades impositivas relevantes, sólo impuestitos de baja recaudación. Por ello muchos gobernadores más que ocuparse de tener una hacienda pública sana, se convierten en gestores de los recursos que necesitan para el desarrollo económico y social de su entidad.

Tiene que ver también con el cambio de perfil de los funcionarios responsables, que hoy más que buscar nuevas fuentes de ingresos tributarios –desechando la tenencia por ejemplo-, una mejor administración y un control eficaz del gasto público, se han convertido en expertos financieros, que encuentran como solución, más endeudamiento con figuras novedosas, que se ha dicho “no son deuda pública”, aunque si lo son. Ejemplos sobran, sólo veamos como se ha concentrado el endeudamiento de los últimos años en unas cuantas entidades, en donde el crecimiento de la deuda ha sido exponencial, sólo menciono lo evidente: Coahuila, Nuevo León, Quintana Roo, Chiapas, Nayarit, Sonora y Veracruz entre otras.

Es cierto sus potestades son de un potencial recaudatorio reducido, sin embargo no todos realizan el mismo esfuerzo fiscal, ya comenté lo de tenencia, pero igual pasa con el de nóminas que algunos lo tienen lleno de agujeros o con la colaboración administrativa.

Ante esta situación, ¿que sentido tiene llegar a gobernar una entidad federativa, se preguntan algunos aspirantes, si vas a encontrar una hacienda pública literalmente en quiebra, endeudada, sin recursos para tener acceso a los programas federales, con reintegros pendientes en los fondos federales auditados, un gasto público ineficiente, opaco y por lo mismo con estructuras de gobierno burocratizadas, con malos hábitos, y costosas. Con recaudación propia baja, sin recursos propios o hipotecados como el caso de Nuevo León, o con renuncia a posibilidades tributarias.

En lo que va del año la recaudación tributaria se encuentra en línea, con dos variantes relevantes, en enero un gran incremento que apuntaría a un buen año y en febrero una caída de menos 9.4 por ciento, esto es 130 mil millones de pesos, reducción que no se observaba desde 2009. Enero fue muy importante, no así febrero y ello se refleja en las participaciones de marzo. Sin embargo, no parece haber mayor preocupación en las autoridades hacendarias federales, pero si lo hay en las de las entidades federativas, dada la dependencia de las transferencias vinculadas al comportamiento de la recaudación federal.

Cifras: las participaciones a marzo, fueron 10 por ciento mayores respecto a 2013, más de 13 mil millones, todas están bien, más Yucatán y el Estado de México, SLP y Chihuahua, menos Tabasco y Campeche que caen 1.8 por ciento real y 0.4. Respecto a lo programado el crecimiento del primer trimestre es de 8.4 por ciento y aquí hasta Tabasco y Campeche sonríen. Sólo marzo presentó una reducción, compensada por los otros dos meses, no olvidemos que las participaciones se calculan con base en la recaudación del mes anterior. Sin embargo en el comparativo marzo-marzo, las participaciones caen 7.2 por ciento.

En suma hay que recaudar, revisar la distribución de facultades y dinamizar la coordinación fiscal, no esperar al FEIEF. La próxima semana es la Reunión Nacional de la Comisión Permanente de Funcionarios Fiscales en San Luís Potosí.

David Colmenares Páramo ha sido Presidente del Colegio Nacional de Economistas.

Correo: brunodavidpau@yahoo.com.mx