Opinión

Para nuevas ideas, lee un libro viejo

Con anticipación se esperó el anuncio de la “Estrategia de Seguridad para Tamaulipas”, por parte del secretario de Gobernación. Lo nuevo es viejo. Promesas de ahora: coordinarse, retomar control, proporcionar recursos necesarios, combatir a los corruptos e ineptos, capacitar nuevos policías y controlar las cárceles. No es una crítica a lo propuesto por el secretario, si es que, a diferencia del pasado, la estrategia se implementa correctamente y con resultados reales que le permitan, por fin, a lo que debería de haber sido, por razones de seguridad nacional, el estado prioritario para esta administración. Lo que sucedió fue todo lo contrario. Durante las primeras semanas replegaron a las fuerzas federales, especialmente el Ejército, que ayudaban a mantener un mínimo control en estados tan conflictivos como Tamaulipas, y Michoacán. Sorprende que el gobierno del presidente Peña Nieto abandonara a Tamaulipas, uno de los estados más importantes en cuestiones de comercio exterior y energía. Casi el 40 por ciento del total del comercio internacional de este país cruza la frontera de Nuevo Laredo.

El secretario proporcionó detalles sobre esta “nueva estrategia”, que incluirá la desarticulación de las organizaciones criminales, sellar las rutas del tráfico de drogas y personas, además de “garantizar” que las instituciones locales sean suficientes. Todo esto se hará dividiendo al estado en cuatro regiones.

Nada nuevo.

Urgen protocolos de intervención para detener el incremento de la violencia en varias regiones y ciudades del país. La demanda de diferentes comunidades de legalizar la creación de policías comunitarias o grupos vigilantes es un reflejo de dos fenómenos: en algunos casos tiene que ver con la incapacidad del Estado de proteger a sus ciudadanos y en otras instancias son grupos armados que buscan llenar vacíos de poder por parte de los gobiernos locales y estatales. Cualquiera que sea la razón, su resurgimiento es una terrible señal de lo que está pasando en el país: ingobernabilidad por el control territorial que ejercen grupos ajenos al Estado en diferentes estados. Si la situación en Tamaulipas había mejorado sustancialmente, el deterioro empezó de nuevo.

Aquí la diferencia es que la realidad alcanzó, por fin, el mensaje político. A pesar de todas las intenciones de tratar de distanciar su administración de lo que se percibe como la estrategia fallida de Felipe Calderón, los actos de violencia en estos tres meses van en aumento. El hecho de que el jefe del Ejecutivo continúa sin hacer mención a diario en sus discursos al problema de seguridad y la urgencia de enfrentar el crimen organizado, no significa un cambio de estrategia. Primero Michoacán, ahora Tamaulipas. Se podría interpretar que el combate a los violentos es una prioridad para el gobierno que sufría del síndrome del avestruz: metiendo la cabeza en la arena.

Recordarán lo que propuso el gobierno hace un año cuando instalaron la Comisión Intersecretarial para la Prevención Social de la Violencia y la Delincuencia. La prevención solucionaría la violencia en México, era el mensaje.

Sí, las cosas han cambiado. La realidad los alcanzó por fin.

¿Cómo asegurar que, ahora sí, la “Estrategia de Seguridad para Tamaulipas” funcionará? Les recuerdo que hace unas semanas en este mismo espacio les presenté cuáles son los pasos para resolver la ola de violencia que enfrenta un país, una entidad o un municipio. Les comenté que se requiere: 1. Voluntad política. 2. Detener la corrupción y castigar a los corruptos. 3. Asegurar los recursos necesarios. 4. Tener un plan de acción con pasos a corto, mediano y largo plazos. 5. No tolerar la falta de cooperación y colaboración entre funcionarios y ramas del poder. 6. Exigir resultados, de lo contrario que renuncien. 7. Asegurar un marco jurídico que permita a las autoridades enfrentar a las organizaciones más peligrosas del planeta.8. Tener absoluta claridad que exigir a la Federación y a la comunidad internacional. 9. Trabajar con la sociedad civil, no grillar. 10. Ejercer un liderazgo extraordinario ante una crisis extraordinaria.

En términos operativos, claramente el gobierno tiene un plan de acción que podría, en relativamente corto plazo, garantizar que el Estado tenga control territorial, invertirán recursos extraordinarios y seguramente podrán identificar y controlar a aquellos individuos que están propiciando un incremento importante de la violencia en esta entidad. Los resultados seguramente se sentirán a corto plazo y proporcionarán un merecido alivio a la población.

Pero lo que sucederá a mediano y largo plazos en Tamaulipas dependerá del último punto, el ejercer un liderazgo extraordinario ante una crisis extraordinaria.