Opinión

“Para mejorar la raza”: traumas que destruyen

En vez de provocar una corriente de afirmación racial y cultural, el racismo mexicano se propaga hacia abajo por un efecto de cascada, sembrando discordias y antagonismos entre la masa variopinta que debería oponerse al enemigo común. Hemos vuelto a la situación prevaleciente en tiempos de la Colonia…

Enrique Serna

Joel Santiago, en un artículo publicado en Al Momento Noticias, capturó en pocas frases la esencia del racismo mexicano: “Somos un país de racistas. Nos despreciamos como sin pensarlo. Pero, sobre todo, se desprecia a lo indígena porque somos indígenas… hoy cualquiera puede insultar a un indígena en México y sentirse satisfecho porque él -o ella- ya no es indígena”. Abunda en ejemplos que a todos nos son familiares y que, a la mayoría, deberían confrontarnos con prejuicios ciegos, sordos e inútiles. Cita, entre ellos, frases como “hay que mejorar la raza”; “prieto pelos parados”, “indio”, “naco”, “negro”. También situaciones comunes como el trato diferenciado en restaurantes, escuelas y oficinas, así como la selección por parte de los “cadeneros” en bares y “antros”. Aceptémoslo: somos racistas y, por si fuera poco, ello es sólo una de las raíces de nuestra cultura de discriminación.

El racismo mexicano tiene muchos tintes de clasismo, pues -reconozcamos- en el imaginario colectivo los morenos, rancheros, indígenas y negros (si es que notamos que hay afro-mexicanos) son sinónimo de flojos, mugrosos, tontos y pobres, precisamente por ser negros, morenos o indígenas. A las “chachas” las bajaron del monte “a tamborazos”; los “indios” son “muertos de hambre”; los negros “son sucios y huelen feo” y los demás son “ladinos”.

Nuestra cultura racista se desfoga y reproduce. Busca revancha y escondite. Y encuentra mercado en la estupidez, la ignorancia, la inseguridad y la falta de valores. ¿Cuántas personas en México han comprado cremas “milagrosas que blanquean” la piel? ¿Cuántas tiñen su cabello para ser "güeritas”? ¿Cuántas esconden su origen indígena o africano?

Los datos duros confirman nuestro racismo. Según la Encuesta Nacional sobre Discriminación en México (Enadis) de 2012, 65 por ciento de los mexicanos se consideró moreno; 55 por cieno señaló que a las personas se les insulta por el color de su piel y 15 por ciento afirmó que no se respetaban sus derechos por la misma razón. Además, 23 por ciento dijo no estar dispuesto a que en su casa vivieran personas de otra raza. Por otra parte, una de cada cinco personas que se consideraron parte de un grupo étnico señaló que su principal problema era la discriminación, por arriba de los que mencionaron la pobreza y la falta de apoyos del gobierno (ambos con 9 por ciento).

Limpiar la casa es una tarea -y responsabilidad- inmensa y de largo plazo, pero urgente e inmediata. Como señala el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred) “no existe un elemento más arbitrario para argumentar superioridad que el color de la piel o las características raciales”.

Desde 1965, cada 21 de marzo se conmemora el Día Internacional de la Eliminación de la Discriminación Racial. En los planos legislativo, institucional e internacional México ha dado pasos relevantes para eliminar la discriminación racial. Desde hace más de diez años tenemos una Ley Federal para Prevenir y Eliminar la Discriminación -ahora en revisión en el Senado para ampliar su alcance-; ha firmado múltiples tratados internacionales y creó instituciones federales y estatales dedicadas a combatir la discriminación, la violación de los derechos humanos y la promoción de una cultura contra la discriminación. Resaltan Conapred y sus homólogos en los estados, la Comisión Nacional de Derechos Humanos y similares en las entidades federativas, así como cientos de organizaciones de la sociedad civil.

Sin embargo, como en muchos otros temas, el reto somos nosotros. ¿Qué has hecho hoy, tú, para curar tus prejuicios raciales (y de todo tipo), para formar individuos con valores y para atender la enfermedad crónica de discriminación que -por parasitaria- mina a nuestra sociedad, a nuestras comunidades y familias?

Colofón: hace unos meses un amigo “güerito” y de ojos azules, se quejó por haber sido discriminado por su color. La discriminación racial es un prejuicio, sea cual sea el color…

*La autora es Directora General de Análisis Legislativo del Instituto Belisario Domínguez, Senado de la República. Doctora y Maestra en Gobierno por la Universidad de Essex, Reino Unido, y Licenciada en Relaciones Internacionales por El Colegio de México.

Correo: mariamascottsanchez@gmail.com