Opinión

Para Guerrero,
la receta Oaxaca

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Si el ataque que sufrieron ayer policías antimotines de Guerrero a manos de “estudiantes” de Ayotzinapa en el túnel de entrada a Chilpancingo va a ser el preludio de episodios violentos para “calentar” el primer aniversario de la masacre de Iguala, más vale exigir a la autoridad que haga cumplir la ley a la voz de ya.

Está bien ser tolerantes ante el entorpecimiento del tránsito por alguna manifestación ocasional, pero no cuando se ataca a personas de carne y hueso como son los policías de Chilpancingo.

Vehículos incendiados y una docena de policías heridos dejaron los normalistas en su jornada de protesta efectuada el día de ayer. Y tan campantes.

Ya hace unos años los “estudiantes” de Ayotzinapa quemaron vivo al trabajador Gonzalo Rivas en una gasolinera y no pasó nada. Ni un detenido. Ni un procesado.

Ahora es momento de frenar la barbarie con que quieren denunciar la otra barbarie: la que costó la vida a 43 normalistas mientras robaban camiones en Iguala. 

Por tanta permisividad se hace fácil atacar, herir, secuestrar y matar.

El gobierno no puede permanecer como un espectador mientras los “estudiantes” de Ayotzinapa secuestran camiones y agreden a policías con el pretexto del primer aniversario del secuestro y asesinato de 43 de sus compañeros, a manos de una banda criminal.

Pongo “estudiantes” entre comillas porque los normalistas de la rural Isidro Burgos llevan un año sin clases.

Han pasado de curso por un acuerdo político de la dirección del plantel y el aval de un grupo de intelectuales que asistió a la “graduación”, pero ninguno de ellos pondría a su hijo o nieto a educarse con uno de esos “graduados”.

A la vista de todos están los autobuses nuevos que roban los “estudiantes” y ninguna autoridad mueve un dedo para devolver los bienes a los legítimos propietarios.

Por eso saquean, asaltan, roban, y sus directivos se coluden con bandas delictivas y utilizan a los muchachos como carne de cañón en sus disputas con otros cárteles de la región.

El gobierno tiene la obligación de parar el vandalismo y ya van dos días en que deja hacer y deja pasar.

Para Guerrero tiene que aplicarse la estrategia que dio resultados en Oaxaca: enseñar capacidad de fuerza para someter a grupos violentos, y tener la decisión de usarla si no hay otra alternativa dentro de la ley.

Doblegarse ante los violentos conduce a desgracias mayores, como la ocurrida en Iguala hace un año.

A los vándalos se les deja hacer de todo, y cuando sus actos derivan en una masacre de proporciones mayúsculas, entonces vienen los golpes de pecho y las vergüenzas internacionales.

El gobierno debe frenar ahora la escalada de los “estudiantes” de Ayotzinapa, o lamentar después haberse quedado de brazos cruzados.

Twitter: @PabloHiriart

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