Opinión

Para el mando rebelde sirio, un empresario de Texas


 
 
Pese a la criminal escalada bélica que Estados Unidos, la Alianza Atlántica, Qatar, Arabia Saudita. Turquía y Jordania han lanzado en Siria, los 'insurgentes' que buscan derrocar al gobierno de Damasco -en realidad una colección de fanáticos islamistas y mercenarios-, siguen divididos y parecen ser incapaces de presentar un frente sólido en el campo político y militar.
 
El último ejemplo de lo anterior, que según la agencia AP dejó en el 'caos' a los 'rebeldes', fue la teatral 'renuncia' de Muaz el Jatib a la presidencia de la Coalición Nacional Siria (SNC) el domingo, por las 'restricciones' a su trabajo y la 'frustración' por la presunta falta de ayuda mundial, justo cuando The New York Times publicaba que los aliados citados arriba "han incrementado notablemente su asistencia militar a la oposición en meses recientes, ampliando un puente aéreo secreto de armas y equipo para el levantamiento contra el presidente Bashar el Assad".
 
Detalló que el puente aéreo, que comenzó en pequeña dimensión a principios de 2012, se aceleró a partir del otoño para operar más de 160 vuelos militares de carga de aviones jordanos, sauditas y qataríes desde bases en Turquía y Jordania. Por supuesto, como ya se afirmaba mucho antes, la CIA es responsable de orquestar la entrega de armamentos, que suman unas 3,500 toneladas hasta ahora, incluyendo la adquisición saudí de un gran embarque en Croacia.
 
Pero si fueran necesarias más explicaciones de la 'catarata de arsenales' que baña a la guerrilla, es decir, los fundamentalistas del Frente El Nosra y de las brigadas Ahrar el Sham, que desplazaron al 'moderado' y 'prooccidental' Ejército Sirio Libre (FSA), creación de la CIA y los servicios británicos y franceses, ayer ABC informó que Washington entrena en Jordania desde hace meses a 'combatientes seculares', sobre todo sunitas y beduinos tribales que integraron las unidades gubernamentales, "en una apuesta para fortalecer a las tropas que enfrentan al régimen y frenar la influencia de los radicales islamistas".
 
Amigos
 
Sin embargo, El Jatib ya se mostraba insatisfecho por la oferta de 60 millones de dólares en 'ayuda no letal' para 'grupos selectos', formulada en febrero por el canciller John Kerry durante el encuentro en Roma de los 'amigos de Siria'; menos de un mes después, en Estambul, la SNC 'eligió' como 'primer ministro interino' con 35 de 49 votos a Ghassan Hitto, un kurdo que ha pasado casi toda su vida en EU -estudió en la Universidad Purdue de Indiana y trabajó como ejecutivo de una firma de tecnología de comunicaciones en Wayne, Texas, hasta noviembre-, que contradeciría los supuestos esfuerzos para debilitar a los seguidores de El Kaida, ya que recibió el apoyo clave de la Hermandad Musulmana y, por ende, de Qatar.
 
Como era de esperarse, pese a los elogios de El Jatib, miembros del FSA manifestaron su rechazo al desconocido Hitto y recordaron que el respaldo que brindan al 'gobierno' rebelde depende de la toma de decisiones por consenso. La maquinaria propagandística, sin embargo, adelantó que Hitto empezará a despachar en 'áreas liberadas' para restaurar la ley y el orden; nacido hace 50 años en Damasco, tiene el visto bueno de los integristas, pues estableció en 2011 la Fundación de Ayuda Shaam, ha organizado colectas para 'refugiados' y desde hace más de una década participa en la dirección de la Academia Horizontes Brillantes de Texas, que se describe como "una institución educativa propicia para un ambiente de aprendizaje islámico".
 
Queda claro, en tanto, que ni Hitto ni El Jatib, quien todavía representa estos días en una cumbre árabe en Doha a la SNC, vendiendo cara su dimisión, tienen la estatura suficiente para unificar a la insurgencia. Como demostró el atentado que ayer sufrió en el este sirio el coronel desertor Riad el Assad, jefe del FSA, perdiendo el pie derecho por el estallido de un carro bomba, queda claro también que Siria se hunde cada vez más en una larga y sanguinaria lucha sectaria, alentada por las potencias externas, en la que descuellan las facciones religiosas. Igual que en el Afganistán de los años noventa.