Opinión

Para desenredar la Línea 12

 
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Horcasitas comparece ALDF

Esta semana supimos por voz de las autoridades capitalinas que el avance en las investigaciones en torno a la Línea 12 del Metro han aterrizado, hasta ahora, en la emisión de seis órdenes de aprehensión en contra de exfuncionarios del Proyecto Metro y del propio gobierno. Se han ejecutado tres de esas seis órdenes y a dos exservidores les dictaron ya auto de formal prisión por uso ilegal de atribuciones y facultades.

Está prófugo Enrique Horcasitas, el director general del Proyecto Metro, el hombre responsable de inspeccionar la obra, revisar los concursos, supervisar el cumplimiento de los contratos y la entrega final.

Horcasitas sabe mucho no sólo de cómo se hicieron las cosas, sino especialmente de quién autorizó y ordenó que se hicieran de determinada forma. Su responsabilidad es ineludible y su testimonio vital para desenredar la maraña. Pero no es el único.

Mario Delgado, hoy senador y entonces secretario de Finanzas del gobierno capitalino, es una figura central en esta madeja. No solamente porque fue responsable de la firma de muchos contratos, de la transferencia de fondos, de la supervisión de cuentas, sino sobre todo porque Mario le reportaba solamente a Marcelo Ebrard, y en ese estrecho núcleo se determinó el destino de miles de millones de pesos, el pago a proveedores y la instrucción precisa –lo dijo Horcasitas en su momento– del trazo elevado de la línea y de las empresas participantes.

Es sabido además que cuando la política giró su caprichosa rueda a favor del entonces procurador Miguel Ángel Mancera, el anticipado delfín de Ebrard, se empeñó contra viento y marea en convertirse en senador de la República. Hubo encontronazos al interior del PRD por esa posición que, finalmente, obtuvo Delgado para conseguir el anhelado fuero. Si hoy se fincan responsabilidades penales, esa protección constitucional no le alcanzará para rendir cuentas ante la justicia.

Pero existe otro personaje, otrora poderoso y muy cercano al señor Ebrard, quien sabe mucho más que todos y quien también jugó un papel central: Guillermo Villalobos otorgaba contratos, fijaba fianzas, sesionaba con los proveedores y establecía montos y presupuestos a ser destinados desde la Secretaría de Finanzas. Sería muy valioso para la investigación que tanto Delgado –con todo y fuero– como Villalobos rindieran declaración para esclarecer, primero, su conocimiento de los hechos y después, su probable involucramiento.

El sucesor de Mario Delgado fue Armando López quien –afirman los cercanos– quedó sorprendido al asumir la responsabilidad de la secretaría y encontrar un absoluto desastre entre cuentas, partidas presupuestales y asignación de recursos. Simplemente no cuadraba, pero recibió la instrucción de recibir todo, “arreglar” los números y seguir adelante.

Se impuso la subcultura de “la tapadera”, del vulgar encubrimiento entre funcionarios de un mismo partido y un mismo gobierno.

Dicen que en política “nadie escupe para arriba” porque la rueda de la fortuna puede dejar en posiciones interesantes a los que podrían salir inculpados o consignados por delitos.

A Delgado, a Villalobos, a Horcasitas y al jefe máximo Marcelo Ebrard les cubrieron las espaldas, hasta que ya no fue posible porque los trenes y las vías estaban cerca de provocar una tragedia.

Otro que merece una investigación delicada es el señor Joel Ortega, que si bien tuvo el valor para actuar con base en un diagnóstico pericial, parar las corridas y el funcionamiento de la mitad de la línea, no se explica por qué recibió las obras cuando tomó posesión al cambio de gobierno. La firma en la entrega-recepción le adjudica un nivel de corresponsabilidad.

Hay quienes con voces repetidas e insistentes señalan que se trata de una persecución política. Que los enemigos de Marcelo están haciendo todo esto para frenar sus aspiraciones políticas; más aún, que Mancera pretende construir su futuro a partir de unas tumbas llenas de huesos. Que sean las investigaciones y los datos, las cuentas y los dineros que sirvan de base para las acusaciones y las consignaciones. No la política, sino la justicia. ¿Se podrá?

Twitter: @LKourchenko

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