Opinión

Para crecer debemos imitar lo que hizo China

 
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[Los nuevos acuerdos de la OMC permitirían simplificar los procesos aduaneros de todo el mundo. / Bloomberg] 

México entró en la globalización en agosto de 1986 cuando se adhirió al GATT (Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio), mecanismo que en 1995 se transformó en la Organización Mundial del Comercio (OMC). De igual manera, la dinámica comercial de nuestro país comenzó una fuerte transformación a partir de que en enero de 1994 entró en vigor el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y con la posterior firma del Tratado de Libre Comercio con la Unión Europea que comenzó a operar en julio del año 2000.

De esta manera, y al cabo de casi 30 años desde que nuestro país entró al GATT, tenemos que México cuenta actualmente con diez tratados de libre comercio con 45 países, lo que de acuerdo a Proméxico nos posiciona “como una puerta de acceso a un mercado potencial de más de mil millones de consumidores y 60% del PIB mundial”.

Los resultados de este proceso globalizador se ven claramente en las estadísticas de comercio exterior, las cuales muestran que entre 1991 y 2014 las exportaciones mexicanas pasaron de 42.687 miles de millones de dólares (mmdd) a 397.535 mmdd, lo que implica un incremento de 831.3% en 23 años. Por su parte, las importaciones de nuestro país pasaron de 49.966 mmdd en 1991 a 399.977 mmdd en 2014, que representa un aumento de 700.5% en el periodo. Cabe señalar que estas cifras indican que las exportaciones mexicanas crecieron en los últimos 23 años a una tasa promedio anual de 9.9%, mientras que las importaciones se elevaron a una tasa promedio anual de 8.8 por ciento.

Lamentablemente, la evidencia también nos muestra que los beneficios del comercio exterior y la amplia gama de acuerdos comerciales han beneficiado de manera directa a un limitado número de empresas. De acuerdo a cifras proporcionadas por el INEGI en 2013, en México existían 6,108 empresas exportadoras que concentraban el 89% del valor total de las ventas de productos manufacturados al exterior; pero lo que es más grave es que las 100 empresas más grandes del país concentran el 51% del valor total de las exportaciones nacionales.

Así pues, resulta evidente que desde 1986 a la fecha han pasado casi 30 años y seguimos viendo que la enorme mayoría de las empresas manufactureras no se han sabido preparar para la globalización en el sentido de que siguen dependientes del mercado interno, el cual lleva varios años con crecimientos mediocres. De hecho, de acuerdo con el INEGI, en el periodo del año 2000 al 2014 el componente consumo de la demanda agregada muestra un crecimiento promedio anual de 2.9%, tasa ligeramente inferior al promedio de crecimiento de la demanda agregada total de 3% y tasa muy por debajo de la observada en el incremento de las exportaciones.

El hecho de que sean pocas las empresas que realizan una exportación directa es lo que provoca que muchos vean con cierto miedo el reciente ajuste en el tipo de cambio, que ha llevado al dólar a niveles máximos históricos en torno a los $15.60 pesos por billete verde, cuando debería ser un poderoso incentivo para volcarse al exterior a realizar los negocios que en México no se pueden dar por la misma debilidad del mercado interno.

En este sentido México debería imitar lo que China ha hecho bien, al mantener durante muchos años un tipo de cambio del yuan subvaluado con el fin de apoyar su sector exportador, limitar importaciones y vigorizar su economía, lo cual eventualmente le dio la solidez suficiente para consolidar un mercado interno robusto en el cual ahora basa su estrategia de un crecimiento del PIB de mayor calidad.

Si en México seguimos esperando que con inercia y con la simple inversión extranjera, que llegará por las reformas energética y de telecomunicaciones, lograremos crecer a tasas por encima del 4% anual entonces seguiremos muy equivocados, ya que la historia ha mostrado que este modelo no sirve para lograr tasas de crecimiento económico elevadas de manera sostenida. Las naciones exitosas, como las asiáticas, nos muestran que se requiere de un verdadero impulso a través del sector externo y que debemos aprovechar la competitividad ganada con el nuevo nivel de tipo de cambio.

Por esta razón insistimos en que el gobierno mexicano, a través de la Secretaría de Economía y de Proméxico, deben fijarse una ambiciosa meta de incremento de las exportaciones y del número de empresas exportadoras de aquí al 2018. Esta estrategia, similar a la seguida por China, si generará bases sólidas para crecer y para que el mercado interno se fortalezca. Sólo así abatiremos el rezago en empleo y en pobreza para que México sea un país más próspero.

Director General GAEAP.

alejandro@gaeap.com

www.gaeap.com

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