Opinión

Para Carlos Ashida

   
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Carlos Ashida

Queridísimo amigo, mentor, curador admirable, apasionado conocedor del arte, Carlos Ashida nos dejó este lunes. Un avanzado cáncer nos arrebató su presencia. Más que un hueco, nos deja un valioso legado para el arte contemporáneo mexicano.

Aunque arquitecto de formación, Carlos Ashida era un exquisito de la sensibilidad, una de las figuras que más aportó al arte del México actual. Su carrera profesional en este ámbito comenzó en 1986 desarrollando nuevas curadurías. Más tarde se vinculó a la promoción cultural en instituciones, marcando siempre un sesgo con lo comercial, sin dejar su labor de curador independiente.

Gracias a la seriedad de su trabajo curatorial, hizo posible las primeras exposiciones institucionales -en museos importantes- de nuevos artistas mexicanos a mediados de los 90, como Polvo de imágenes (1992), de Germán Venegas, en el Museo de Arte Moderno. Reflexiones sobre ecología (1993) que incluía obra de los jóvenes Francis Alÿs, Germán Venegas, Thomas Glassford, Silvia Gruner, Gabriel Orozco, entre otros, y Acné o el nuevo contrato social ilustrado (1996) con artistas como Pablo Vargas Lugo, Daniel Guzmán, Marco Arco y Abraham Cruzvillegas. Estas muestras fueron hitos en el impulso del arte joven mexicano. En la fugacidad del arte contemporáneo, Ashida tenía un ojo inigualable para identificar artistas y colocarlos en un discurso global.

También contribuyó a promover la escena artística de Jalisco, como director de la galería Arena México y como promotor-consultor de Expo-Arte Guadalajara; fue curador de una de las más arriesgadas colecciones en México: la colección de Aurelio Lopez Rocha, en un momento en que casi nadie practicaba ese verbo, y apoyó la compra de artistas jovencísimos en su momento.

Dirigió el Museo de las Artes de la Universidad de Guadalajara (1998-2000), en el cual generosamente siempre nos dio espacio a aquellos que empezábamos con nuestra labor dentro del arte en el Museo de Arte Carrillo Gil (2002-2007) en el DF, y después en el Museo de Arte Contemporáneo de Oaxaca. Su último cargo fue Curador en Jefe del Instituto Cultural Cabañas, cuando regresó a Guadalajara.

En una entrevista, Carlos Ashida mencionaba: “A veces, voltear al pasado produce un efecto de extrañeza, similar al que experimenta quien súbitamente se percata de que ha perdido algo sin darse cuenta”. Y en esta abrupta pérdida, le dedico a mi gran amigo, estas palabras.


Querido Carlos:

El azar o algún designio extraño hizo posible que viera tu último trabajo concluido, Las buenas intenciones, en el Instituto Cultural Cabañas. Doy gracias por una de las exposiciones más bellas, profundas (íntima y tremendamente humana), que nos hace recordar ese misterioso ímpetu -único de nuestra especie- de hacer arte, ese impulso de hacer algo hermoso como última opción ante la decepcionante realidad o como esperanza en la vida cotidiana.

Del texto de sala que escribiste recuerdo la frase: (la exposición es un recordatorio)... del conmovedor empeño de encarar las adversidades con la encantadora llaneza del ingenio y la alegría. Y ciertamente eso extrañaré de ti, la alegría de tu sonrisa, las largas pláticas y la generosidad al compartir tu sabiduría. ¿Recuerdas cuando pasabas por mí en tu Mustang 66 para ir a pasear? Extrañaré tu compañía recorriendo algún museo, esas largas comidas, tus curadurías, la caballerosidad, tu ética inquebrantable, que a veces rayaba en lo testarudo, pero que es rasgo de aquellos que aman lo que hacen.

Carlos, a muchos nos duele tu partida, porque al irte tú se va un ser con la imperiosa necesidad de embellecer el mundo.


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