Opinión

Para administrar la frustración

 
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Economía de la Eurozona

Los signos económicos de México y del entorno internacional son todo menos alicientes y esperanzadores. Las más recientes noticias en materia cambiaria, petrolera, de índices de crecimiento, apuntan a un desempeño mediocre de nuestra economía. Y me parece que las causas están más en un entorno cambiante, volátil, donde el derrumbe de los precios del petróleo y el fortalecimiento del dólar frente a un euro cuestionado, además del yuan en declive, han sido plenamente adversos al fortalecimiento de nuestras variables internas.

Déjeme decirlo con toda claridad, porque en los días y meses que siguen no faltarán voces que señalen al gobierno y a la administración de las finanzas públicas como los autores de este estancamiento.

El gobierno no puede controlar los precios internacionales del crudo, sería totalmente absurdo. Todos los pronósticos señalan que será difícil regresar a barriles de a 40 dólares, más bien estaremos por debajo de esa barrera. Algunos colocan sus pronósticos entre 34 y 36 dólares por barril, otros por el orden de 38. La cotización que incluya Hacienda en su Presupuesto para el 2016 –a ser presentado en unos cuantos días ante la nueva Legislatura en la Cámara de Diputados–, nos dará luces claras en este sentido.

Pero lo importante es asumir que las perspectivas de crecimiento económico para esta administración se desvanecen cada día, especialmente si los días contienen reportes negativos del dólar, del yuan, del petróleo y sólo falta el gas.

Esta administración construyó en el imaginario colectivo la idea de crecimientos acelerados, por encima de 5.0 y hasta 6.0 por ciento se decía en 2012. Llevamos tres años con tasas de crecimiento muy regular y mediano, que ha echado por tierra aquellas visiones de la potencia mexicana en crecimiento.

Con esta óptica, la reforma energética –especialmente el capítulo que incluye los campos petrolíferos en las diferentes rondas– parece hoy plenamente anticlimática. ¿Quién estará interesado en venir a invertir grandes cantidades a campos inexplorados con rendimientos no garantizados, cuando el mercado de crudos a nivel mundial se desploma?

En días recientes el secretario Videgaray expresó –por primera vez– la disposición a “escuchar” propuestas de “ajuste” a la reforma fiscal, justamente esa que para muchos empresarios ha resultado recesiva y contenedora del crecimiento. Lo que hizo esa reforma, en voz de algunos legisladores, fue quitarle el dinero a la gente –para que invierta, gaste y haga crecer la economía– y ponerlo en manos del gobierno cuya trayectoria en materia de administración del gasto público, o de impulso al crecimiento es –por decir lo menos– cuestionable.

No tenemos pues un horizonte prometedor, un escenario económico que aliente la inversión, profundice el crédito y active la generación de empleos. Todo parece indicar que el resto del sexenio tendremos que buscar mecanismos y herramientas para administrar la frustración.

Permítame explicarle por qué: pertenezco a una generación –la de la crisis– que ha vivido en cíclicos y recurrentes periodos de contracción económica, o como defenderían los artífices de las políticas públicas en materia económica, con crecimientos inferiores a una supuesta capacidad en la que todos deseamos creer fervorosamente, pero que en los hechos no encontramos. Revise usted los últimos 35 años, o 40, desde la inolvidable devaluación de Echeverría en 1976, del memorable dólar de 12.50 al de 22 pesos. De ahí para acá, por las variables y razones que los economistas explican profusamente, nunca más volvimos a crecer por niveles superiores a 5.0 por ciento. Crisis, devaluación, inflación, economía endeudada, falta de empleo, etcétera. En eso se nos han ido las últimas tres décadas y media.

Realmente pensé, creí, o quise creer, que éste podría ser el momento en que México, mucho más maduro y responsable en el manejo de sus finanzas públicas, pudiera despegar hacia niveles de crecimiento importantes, que se reflejaran en una significativa reducción de la pobreza. Lamento comunicarle que no sucederá.

Y no se debe a este gobierno o a estos funcionarios, como más de uno intentarán señalar con “jiribilla” política, me parece que es un tema más profundo, de modelo agotado y desgastado que ya no da para más.

Aplaudo al Banco de México por su responsabilidad para contener
–a toda costa– la inflación que, estará usted de acuerdo, sería la puntilla para millones de familias en México. Invito a Hacienda a que revise la reforma fiscal y abra vertientes que oxigenen la industria y la empresa privada para generar empleo y aguantar el vendaval internacional.

Le deseo mucha suerte.

Twitter: @LKourchenko

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