Opinión

Panorama mundial para las Indicaciones geográficas

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En pocos momentos a lo largo de la historia, la regulación internacional de las llamadas Indicaciones geográficas y Denominaciones de origen ha mostrado un nivel de tan profunda complejidad como el actual. Lo que a mediados de los noventa parecía finalmente tomar rumbo hacia la armonización bajo los auspicios de la OMC, hoy parece descomponerse hasta el punto de la total divergencia y la confrontación.

Lo que está en juego es el control y el reconocimiento de exclusividad que países y regiones reclaman como pertenencia respecto de los nombres que les identifican y que marcan sus productos como propios, lo que no es cosa menor. Los valores económicos involucrados en este tipo de propiedad intelectual es determinante para la salud económica de grandes comunidades e industrias vinculadas a los denominados “productos de origen”; imaginemos lo que los productores de Champagne perderían si la gran ventaja competitiva de poder nombrar de esa forma a su producto se perdiese y todos los demás productores de vino blanco espumoso lo pudieran usar sin restricciones.

Uno de los ejes del conflicto está centrado en la contienda internacional por comandar la administración de los nuevos tratados en la materia. Por una parte, instrumentos como el Arreglo de Lisboa para el registro internacional de denominaciones de origen, promovido por la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual, pretende cerrar una actualización que incluya las Indicaciones Geográficas, y que modernice lo que hoy es un documento descontinuado. Por el otro lado, la OMC sigue pretendiendo ser la influencia decisiva en la materia, a través de sus tratados comerciales de mediados de los noventa. Otros instrumentos, como el TPP, amenazan también con convertirse en la nueva referencia para Indicaciones geográficas, con disposiciones de avanzada y una arquitectura de mayor eficiencia que sus precedentes.

El otro gran tema que está en la palestra es el del uso y registro de nombres de dominio relacionados a Indicaciones geográficas, que está en amplia discusión en la reunión que ICANN, órgano de gobierno de internet, sostiene en Singapur. La pretensión de algunos de los participantes en la reunión se orientan a mantener los mismos postulados que han inspirado el crecimiento de la red, evitando restricciones basadas en razonamientos de propiedad intelectual; otros en cambio, defienden a ultranza la necesidad de reorientar la gobernanza en internet hacia el respeto irrestricto de marcas y denominaciones de origen. Esta postura obligaría a observar nuevas reglas en las que el uso de nombres de dominio que consistan en denominaciones de lugares y países estaría solo permitida a las entidades políticas asentadas en los mismos.

El escenario de las discusiones está construido sobre la visión divergente que dos de los grandes protagonistas de la Propiedad Intelectual en el mundo tienen sobre el alcance y debida protección de las Indicaciones geográficas, esto es, la Unión Europea y los Estados Unidos, el primero como defensor radical de esta antigua forma de activo intangible exclusivo, y el segundo con una posición mucho más liberal e indiferente, amarrada a la escasa tradición que ese país ha tenido con la figura de las denominaciones de origen.

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