Opinión

Panistas hundiendo al PAN

El caso de los dipu-tables, con Villarreal a la cabeza, dado a conocer por el diario Reporte Índigo, no es un asunto de moral. A nadie debería importarle si alguien va y disfruta de la compañía de una o varias prostitutas. Muy su gusto. Sin embargo, cuando los protagonistas de un hecho no son personas comunes y corrientes, las decisiones personales sobre una forma de entretenerse alcanzan una relevancia muy distinta.

De las figuras públicas se espera un comportamiento a la altura de la responsabilidad que se les ha conferido. En el caso de los políticos, cuando éstos asumen un cargo llega también una visibilidad. Aunque hoy sean palabras desgastadas, se trata de un privilegio, de un honor no exento de deberes. Si actúan correctamente, si desempeñan eficaz o incluso extraordinariamente su trabajo redundará en beneficio de la organización que los propuso. Y, no se rían, eventualmente también sería benéfico para sus electores. En cambio, si un líder lo hace mal, si se vuelve notorio por escándalos, los costos no los pagará sólo él: el desprestigio alcanzará a las instituciones en las que esa persona se desempeña. En este caso, el PAN y la Cámara de Diputados.

Lo que se aprecia en el hoy famoso video es, ante todo, una muestra de conductas inmaduras, habituadas a la impunidad. Lo que ofende no es que agarren el trasero de una prostituta o festinen bromas pueriles, lo que resulta chocante es saber que si los diputables panistas no se cuidaron de llevar a cabo sus devaneos de una manera discreta es porque se sienten inmunes a la crítica y al escrutinio. Villarreal es líder de una pandilla de adolescentes tardíos, que se saben parte de una casta blanquiazul acostumbrada a no pagar las consecuencias de sus actos.

Si el video nos dejó asomarnos a parte de la vida interna del PAN (Juan Ignacio Zavala dixit), las explicaciones del diputado Villarreal nos confirman que es de una pieza: no se hace cargo de lo que hizo.

El diputado guanajuatense alegó el lunes que asistió a la polémica fiesta “como invitado a un evento privado, fuera de cualquier actividad relacionada con la reunión plenaria” y ofreció “una disculpa a quienes haya lastimado mi participación en ese evento. Los hechos no reflejan mi trabajo y compromiso al frente del grupo parlamentario como coordinador. Esta ha sido la Legislatura con mayores logros, que fueron construidos por el GPPAN”.

Por sus argumentos se nota que Villarreal no 'cacta' (Jefe Diego dixit) que al ser líder de una bancada sí es responsable de los sitios a los que asiste, así sea como invitado. Qué torpe si no sabía que hay regalos envenenados. Y que, precisamente, si esta cámara ha sido notable en su productividad, le tocaba ser aún más cauto, más maduro, y no exponerse a ser retratado en lo que sin exagerar se puede calificar como bacanal.

Menudo caso para la nueva dirigencia del PAN. En abril, cuando entrevisté para El País a Ricardo Anaya, hoy secretario general del blaquiazul, me dijo esto sobre las acusaciones en torno a los moches, en torno a Villarreal pues:

“Estoy convencido de que el sello de la próxima dirigencia tendrá que ser el de la decencia pública y el de la honestidad. Lo he platicado ampliamente con Madero y estoy convencido que lo vamos a lograr. Entiendo el tamaño del reto”. Llegó el momento de probar que en efecto Anaya y Gustavo Madero entienden el verdadero significado del escándalo de los dipu-tables.