Opinión

PAN: regreso a oposición leal. Ni partido, ni cambio, ni retorno


 
 
Para los colegas del diario Cambio de Puebla, bajo el liderazgo de Arturo Rueda, por sus 34 años.
 
La mejor definición del papel que se ha dado a sí mismo el PAN la ofreció su presidente nacional Gustavo Madero cuando dijo que al partido se habían afiliado busca chambas sexenales.
 
El principal problema del PAN es que nunca se ha asumido como un partido político, visto éste como una puerta de acceso al poder para buscar cambios en el rumbo del país. A lo largo de dos sexenios en el poder, el PAN no supo qué hacer con su papel y prefirió el argumento moral de no repetir los errores del PRI.
 
Sin embargo, el problema real no radica en ser un PRI. Un partido político es un instrumento de cohesión de militantes y simpatizantes articulados alrededor de la conquista y mantenimiento del poder. En este sentido, el PAN ganó el poder sin ser partido sino porque logró construir una expectativa social y lo perdió por negarse a ser un partido organizado y con masas para mantener el poder.
 
De ahí que probablemente para el PAN su llegada a la Presidencia haya sido debut y despedida del poder porque ha decidido achicarse a contados militantes leales y se ha alejado de la construcción de un partido de masas para ganar la Presidencia.
 
Así, el PAN aparece más como una cofradía que como partido y con intenciones de contrapeso moral alejado del ejercicio del poder político. Y entendiendo cofradía en términos de tres de las cuatro acepciones del Diccionario de la Real Academia: "Congregación o hermandad que forman algunos devotos, con autorización competente, para ejercitarse en obras de piedad, gremio, compañía o unión de gentes para un fin determinado, vecindario, unión de personas o pueblos congregados entre sí para participar de ciertos privilegios."
 
De ahí que en la ratificación de la militancia organizada por Pablo Emilio Madero el PAN habrá de perder cuando menos el 50% de su padrón de militantes, entre ellos al expresidente Vicente Fox que ganó por el PAN la Presidencia pero que prefirió trabajar con el PRI entonces y luego apoyar al PRI en la pasada campaña electoral presidencial.
 
El problema del PAN ha sido su incomprensión del sistema político y de la estructura de poder. En la derrota, perdida la Presidencia de la República después de dos sexenios, Madero señala: "el PAN no es un partido de masas". Afirmó que por cada militante existen "diez simpatizantes". De ahí que el límite de votos garantizados por el PAN sea, a partir de ahora, de nueve millones de sufragios, lo que lo aleja de la posibilidad de regresar a la Presidencia de la República.
 
El padrón actual del PAN es de aproximadamente un millón 800 personas; sin la mitad de "busca chambas" que atrajo la victoria del 2000 y 2006, ese padrón se reduce a 900,000, cuando mucho; y con el múltiplo de diez simpatizantes por cada un militante, el techo electoral de votos del panismo se queda en nueve millones, contra los 15.9 millones ganados por Fox, 15 millones alcanzados por Calderón y 12.7 millones acumulados por Vázquez Mota y los 19.2 millones sumados por Enrique Peña Nieto. Es decir, el PAN se conforma con la mitad de los que necesitaría para regresar a Los Pinos.
 
Por tanto, la depuración de militantes y el comportamiento colaboracionista con el PRI de su presidente Madero está regresando al PAN a su espacio histórico de oposición leal, de apoyo al poder y sin aspirar a conquistar la Presidencia de la República nuevamente porque para ello necesitaría -entonces sí- convertirse en un partido de masas, de corporaciones y de grupos asentados en el poder político. Así, la derrota presidencial colocó al PAN nuevamente en su papel de equilibrio moral, de denuncia.
 
La pugna Madero-Calderón por el control del PAN no radica en la búsqueda de una redefinición del partido de cara al poder político. Madero carece de coherencia política: en 1982 fue candidato presidencial del PAN en pleno asalto de la ultraderecha vinculada a la embajada de Estados Unidos y a la jerarquía católica reaccionaria y apenas pudo sacar 3.7 millones de votos, el 15.7% ; pero en 1994, fuera del PAN, Madero logró la candidatura presidencial de la cristera Unión Nacional Sinarquista y apenas tuvo 98,000 votos, 0.28%, contra los 9.1 millones y 26% del panista Diego Fernández de Cevallos. Hoy Madero encabeza la fracción derechista y religiosa del PAN, la yunquista, que quiere mantener el control del partido, alejarlo del poder y reasumir su condición moral de oposición ética.
 
Si bien el expresidente Calderón quiere reagrupar al partido en torno a su propio espacio de poder político, de todos modos carece de una intención de fortalecer al partido. De hecho, su sexenio se dedicó sólo a administrar el poder, echó de la presidencia del partido a Manuel Espino por su dependencia de Fox y Marta Sahagún, no pudo consolidar a Germán Martínez Cázares ni a César Nava, y tuvo que abrirle espacio a Madero. Pero aun con posiciones políticas importantes en el Congreso, el problema radica en el hecho de que Calderón tampoco parece decidido a convertir al PAN en un verdadero partido político como canal de distribución del poder.
 
La disputa por el PAN no será más que una lucha elitista si no redefine su función como partido político, contrapeso moral o cofradía. Y como se ven las cosas, ni Calderón ni Madero tienen intenciones de reorganizar al PAN para consolidar su militancia en función de la reconquista por el poder. Luego de la derrota del 2000, el PRI logró mantener su unidad justamente por el objetivo de recuperar la Presidencia de la República.
 
Pero parece que el PAN quiere regresar a Los Pinos sólo por el designio divino de ser un partido puro, con militantes no alentados por el poder sino por el Espíritu Santo.
 
(Por fiestas de fin de año, Indicador Político se toma un par de semanas de descanso. Nos leeremos aquí el lunes 7 de enero de 2013. Lo mejor para los lectores.)
 
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