Opinión

PAN: ¿PPS de derecha con Madero?


 
Para Little, por otro año de felicidad.
 
El dilema que enfrentará el proceso de elección de nueva dirigencia en el PAN está más claro que el agua: la reelección del Pacto o el control del partido por Felipe Calderón.
 
 
La polarización en el PAN va a impedir que el partido intente una reorganización como oposición política en función de una propuesta de proyecto de nación; y peor aún, el PAN ha entrado en la zona patética de la política por los jaloneos de grupos comportándose como tribus perredistas en el partido que en el 2000 encabezó el salto histórico de la democracia mexicana: la alternancia.
 
Las coordenadas se le han enredado al PAN y la lucha por la presidencia ha invadido los espacios de comportamientos mafiosos, con amenazas, intercepciones telefónicas y guerras sucias. Si el desafío del PAN radicaba en la reorganización luego de haber perdido la presidencia frente al PRI, las candidaturas visibles representan a localizados grupos de interés ajenos al PAN.
 
 
El más cuestionado hasta ahora es el presidente en funciones Gustavo Madero, cuyos estilos políticos para lograr la reelección son típicamente priistas. Como Roberto Madrazo en el 2005, Madero quiere reelegirse desde el CEN con todas las ventajas a su favor y desde ahí proyectarse a la candidatura presidencial panista para el 2018. Pero la intención de Madero de reelegirse en la presidencia del PAN traiciona el principio de no reelección por el que luchó y murió su tío-abuelo Francisco I. Madero al combatir a Porfirio Díaz.
 
 
Del lado contrario, la principal figura es Ernesto Cordero, una hechura de Felipe Calderón que no pudo conseguir la candidatura presidencial panista en el 2012. En los hechos, Cordero representa los intereses de Calderón y del calderonismo, un grupo limitado, sin proyecto político y sin suficiente fuerza en el PAN. Aspirantes a la presidencia del CEN como Josefina Vázquez Mota, derrotada candidata presidencial del 2012 que colocó al PAN en tercer sitio electoral con el 25 por ciento de la votación, carece de capacidad de decisión y sus vacilaciones la han alejado de posibilidades reales.
 
 
La candidatura de Madero es la más conveniente para el Pacto por México, por lo que su nominación estaría en la lógica de mantener los acuerdos en ese espacio colegiado de toma de decisiones. Lo importante en realidad no es el Pacto ni la forma de conjuntar alianzas para reformas estructurales, sino el hecho de que el PAN ha perdido distancia opositora aun dentro del Pacto.
 
 
En este contexto, el PAN con Madero corre el riesgo de reducir al PAN a un partido paraestatal, similar al PPS o al PARM de los sesenta y los setenta, controlado por el poder ejecutivo y marchando al ritmo del PRI. Pero el PAN había ganado mucho más en sus espacios de oposición al PRI, aunque en las votaciones legislativas los dos partidos lograran acuerdos conjuntos.
 
En su cambio de dirigencia, el PAN ha privilegiado los intereses externos al PAN como partido, Madero como la pieza del Pacto por México y Cordero como representante de Calderón. Si el PRD quedara fracturado por la posición irreconciliable del nuevo partido de López Obrador, la división en el PAN será otro elemento que beneficiaría el reposicionamiento transexenal del PRI.
 
La victoria de Madero o de Cordero en el PAN contribuirá a la desarticulación del partido, a diferencia de lo ocurrido en el PRI luego de la derrota presidencial de 2000 y de la toma del partido por Madrazo. La victoria de 2000, el fracaso de Vicente Fox, los errores partidistas de Calderón y la decisión de Madero de adelgazar el partido con la revisión de la militancia llevaron al PAN a una pérdida de identidad política y a una disminución de sus bases políticas y sociales.