Opinión

País sin madre

Esta caja no es de cartón. Esta caja no está hueca ni pintarrajeada. Esta caja de muerto que apareció fotografiada en la prensa del sábado no es de utilería, no fue hecha para ser cargada en una manifestación, ni es simbólica. Es la caja que contiene el cuerpo sin vida de Margarita Santizo, madre de un policía federal desaparecido en Michoacán en 2009. A Margarita la venció el cáncer, pero no el desdén gubernamental. Con su último aliento, Margarita decide que ni la muerte la detendrá. Su féretro llegó a Bucareli el viernes para una última protesta, ni más ni menos que frente al despacho del secretario de Gobernación.

“Mi mamá, antes de morir, me dijo que la trajera aquí. ‘Llévame, es mi última voluntad, para ver si así se acuerdan que soy Margarita Santizo y ando buscando a mi hijo (…). Ya no lo voy a ver, pero que quede algo grabado, y ¿sabes qué?, para que las demás personas tengan fuerza de seguir buscándolos, porque son muchos”, le contó Teresa Morales Santizo a Fabiola Martínez, reportera de La Jornada. En el piso de la emblemática avenida una manta reza: “Me enfermé de estar cargando años de tristeza, rabia y coraje porque el gobierno siempre me engañó. Nunca, nadie buscó a mi hijo, ni la Procuraduría General de la República (PGR), ni la SG [Secretaría de Gobernación] ni la Policía Federal (PF). Puras promesas. Hasta con el presidente estuvimos y son puras mentiras. La Policía Federal no busca ni a los suyos, menos a los miles de desaparecidos”.

¿Cuántas Margaritas hay? ¿Cuántas como Margarita Santizo han muerto sin saber el paradero de sus hijos, hijas, esposos, padres desaparecidos en estos dos sexenios?

Cuenta la joven documentalista Alicia Calderón (Distrito Federal, 1976) que hay muchas Margaritas muertas. Y explica por qué es probable que otras Margaritas mueran sin saber qué fue de esos seres queridos que un día manos criminales desintegraron.

Alicia Calderón estrenó ayer en el Festival Internacional de Cine de Morelia su documental "Retratos de una búsqueda", cinta que muestra la vida de tres mujeres que buscan a sus hijos, desaparecidos en el sexenio de Felipe Calderón Hinojosa. Para escapar de la lógica perversa que culpa a la víctima de su fatal destino, Alicia decidió no enfocarse en el desaparecido sino en lo que las familias tienen que enfrentar al reclamar sus derechos.

Al acompañar a varias de ellas en ese infernal laberinto que es la llamada justicia mexicana, Alicia descubrió que, por ejemplo, en Jalisco donde vive desde los 13 años, había dos (sí, dos) agentes investigadores encargados de dpos mil 700 casos de desaparecidos.

“Las procuradurías estatales son una pérdida de tiempo. Aún teniendo la voluntad, es imposible; cómo dps personas van a encontrar a miles de desaparecidos. Las madres pueden ir unas 30 veces a esas procuradurías, las reciben pero nunca les levantan una denuncia, no hay actas”, dice Alicia vía telefónica desde Morelia. “Hay mamás que logran que la PGR atraiga su caso, y cuando les piden su expediente, éste no existe, fueron a la procuraduría estatal durante meses, incluso años, y nunca les tramitaron la denuncia”.

En un país de imágenes insólitas, una madre en una caja de muerto detuvo el viernes el tránsito vehicular en la avenida Bucareli. La administración que quiso cambiar de narrativa no tiene palabras para Margarita Santizo, ni una, ni para ella ni para otras miles de Margaritas Santizo que tampoco serán vencidas por la muerte o el olvido oficial.
Porque aun muerta, Margarita Santizo tuvo más coraje que muchos de nosotros, los mexicanos que nos decimos vivos.

Twitter: @SalCamarena