Opinión

País de masacres

Vivimos en un país de masacres. Aún sin que se haya definido físicamente el paradero de los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa, en este momento la imagen de este “México en llamas” se está convirtiendo también en sinónimo de masacres.

Y esta percepción sobre México desafortunadamente está apoyada con datos duros y contundentes: el número de personas masacradas en los últimos 20 años sobrepasa a la mayoría de los países que han vivido extrema violencia como Colombia. De hecho, es difícil encontrar ejemplos en otras partes del mundo (aun en países en guerra) que se comparen en número o en la barbarie de lo que se ha vivido en México en las últimas dos décadas.

Por ejemplo, no hay un caso reciente de una masacre en un país técnicamente en estado de paz que pueda “presumir” un evento donde se asesina a casi 200 personas haciendo uso de torturas y palos para matar a sus víctimas como lo que sucedió en Tamaulipas con los migrantes en San Fernando en 2011. Lo que más horroriza es que unos seis meses antes, en ese mismo lugar, ya habían masacrado a más de 72 migrantes. Este caso en particular refleja la incapacidad y la negligencia del Estado mexicano para proteger a la población.

Pero el horror lo estamos viendo y conociendo todos los días. Tal vez no asimilamos nosotros ni el resto del mundo la barbarie del país. México es el país de los desaparecidos: 22 mil 322 personas. Somos el país de los secuestros: con cifras que ascienden a 105 mil 682 casos en 2012, según datos del Inegi.

Cómo es posible que un país con el potencial económico, con los grandes avances en el proceso de transición democrática, miembro del G-20, OCDE y APEC tenga titulares en sus periódicos nacionales tales como: “24 albañiles ejecutados en La Marquesa” o “Descubren 49 torsos en la carretera de Cadereyta”, y ahora tenemos titulares “Desaparecen 43 estudiantes, se presume que fueron calcinados”.

Somos el país de las masacres. Un equipo del portal www.seguridadnacionalhoy.com en colaboración con MEPI, una ONG dedicada al periodismo de investigación, se abocó al ejercicio de hacer un recuento histórico de las masacres que se han registrado en México. Técnicamente el concepto de masacres se define como: “matanza de personas, por lo general indefensas –o donde existe una gran desigualdad de poder– producida por ataque armado o causa parecida”. Y desafortunadamente en México esta historia está plagada de ejemplos donde hay una clara participación de actores gubernamentales en estos actos de horror; y en la mayoría claramente hubo negligencia u omisión gubernamental y muy pocos, pero muy pocos autores, han sido castigados.

Cómo pensó el entonces recién electo presidente Enrique Peña Nieto que el tema de seguridad y violencia no sería una prioridad en su administración. El presidente Peña se comportó en una forma similar a sus predecesores: el “balconear” la realidad impactaría la competitividad y la imagen del país. También demostraría la incapacidad y corrupción de gobierno a todos los niveles.

Creo que hay otro factor que ha permitido que tanta barbarie continúe. A diferencia de otros países, las víctimas en México generalmente han sido personas con poca capacidad de presionar a la clase política. En los últimos 10 años las víctimas han sido migrantes, campesinos, indígenas, estudiantes, turistas, pacientes en clínicas de rehabilitación, niños, mujeres embarazadas, albañiles y, sí, también personas involucradas en el crimen organizado.

La comunidad internacional reaccionó con gran indignación cuando en Siria, un país que en este momento enfrenta una dolorosa guerra civil, se encontró una fosa con 300 cadáveres que incluían mujeres y niños. Las escenas dantescas de los cuerpos de esas víctimas recorrieron el mundo en las páginas principales de los diarios más importantes del mundo y los noticiarios nocturnos iniciaban [su programación] con esas imágenes.

En México horrores similares están sucediendo. Pero cómo explicar la falta de indignación ante el hecho de que se encontraron 300 cuerpos en diferentes fosas en la ciudad de Durango. ¿O la muerte de más de 50 personas calcinadas en el Casino Royal? ¿El secuestro y asesinato sistemático y diario de migrantes? ¿Será porque se percibe que las víctimas no son importantes o con capacidad de presionar a la clase política?

Por eso seremos conocidos como el país de las masacres.

Twitter: @Amsalazar