Opinión

País de cínicos


 
José López Portillo, expresidente del más rancio priísmo y triste memoria, dijo alguna vez que lo peor que podía pasarnos era convertirnos en un país de cínicos. Ya nos pasó.
 
Basta una revisión a las noticias para confirmarlo. La lista de los casos que antes integraban sólo priístas ahora incluye también a panistas, perredistas, petistas, verde-ecologistas, etc.
 
La rebatinga de los millones expuesta por las diferencias entre los panistas deja claro que se han convertido en lo mismo que durante décadas criticaron. Es tal la debilidad de Gustavo Madero, el presidente nacional del PAN, que decidió utilizar una técnica usada muchas veces por el PRI para controlar a sus senadores: ¡comprándolos!
 
Se repartieron más de 16 millones de pesos a los 38 senadores del PAN. 430 mil pesos a cada uno, en un país donde un trabajador de salario mínimo tardaría más de 18 años para ganar esa cantidad.
 
La explicación del impuesto y rechazado coordinador de los senadores panistas, Jorge Luis Preciado, resultó in-cri-mi-na-to-ria. A “botepronto” dijo que ese dinero era un “apoyo para actividades electorales”. Destinar dinero público a campañas políticas, estimado lector, es un ¡delito electoral y nadie dijo nada!
 
Alguien debió explicarle al senador Preciado lo torpe de su declaración, porque casi de inmediato corrigió y dijo que fue un “error administrativo”. Se exhibieron solos, y junto con ellos a los grupos parlamentarias de todos los demás partidos que manejan a su antojo, y en secreto, alrededor de mil millones de pesos que reciben como subvenciones cada año.
 
Estamos a dos semanas de tener elecciones en 14 entidades. El premio mayor es, sin duda, la simbólica gubernatura de Baja California que ganó el PAN hace casi un cuarto de siglo, y el escándalo por los millones y sus divisiones internas lo dejan muy mal parado. Los priístas, que lidian con su propio desprestigio por el caso Granier, miran a los panistas a la distancia, en silencio y sin mover un solo dedo para perjudicarlos. Ellos, los panistas, pueden solos.
 
Conscientes de ello, acordaron de última hora un pacto de silencio. Los panistas no hablarán más del tema, porque lo que importa son las elecciones, no rendir las cuentas claras que tanto predican.
 
Por cierto, el escandaloso asunto del exgobernador priísta de Tabasco, Andrés Granier, y su hijo Fabián, tienen su copia en tinta azul bajo las siglas de otro exgobernador: el panista Luis Armando Reynoso Femat y su hijo Luis Armando Reynoso López. Al exgobernador de Aguascalientes se le dictó auto de formal prisión por los delitos de peculado, robo y uso indebido de recursos públicos. A su hijo lo acusan de enriquecimiento ilícito y a ambos se les investiga por lavado de dinero.
 
Pero la danza de los millones no para ahí. El video que muestra a Julián Ricalde, presidente municipal de Benito Juárez, o sea Cancun, recibiendo tres millones de pesos en efectivo de manos de su antecesor, desnuda los usos y costumbres de quienes llegan al poder codiciando el manejo descarado de grandes cantidades de dinero en efectivo impunemente y a su antojo. Pero esa, como decía el antiguo comercial, es otra historia de la que habré de ocuparme en breve.
 
Priístas, panistas, perredistas, no importa. El poder los hace iguales.
 
Hasta el lunes.
 
cachoperiodista@gmail.com