Opinión

Pactos con el narco

Los que decían que de llegar a la Presidencia Enrique Peña Nieto pactaría con el narco, hoy deben reconocer que mintieron o se equivocaron.

El cuento se lo llevaron incluso al presidente Obama, para asustarlo de una posible victoria priista en las pasadas elecciones de julio de 2012. El mandatario estadounidense no mordió el anzuelo, pues tenía buena información de su embajador en México, Carlos Pascual.

A estas alturas, los resultados están a la vista.

El grupo criminal Los Caballeros Templarios está descabezado, sus redes financieras cortadas, y después de dos sexenios de infructuosa búsqueda cayó El Chapo Guzmán.

Paradójicamente, los que decían que Peña Nieto pactaría con el narco para darles inmunidad, son los que no pudieron apresar en 12 años al narcotraficante más buscado del mundo, y dejaron a Michoacán peor que como lo encontraron.

No obstante que el gobierno anterior metió a las Fuerzas Armadas a Michoacán y en esas tierras le declaró la guerra al narco, no fue capaz de arrestar a los principales cabecillas de las bandas criminales, entre otras razones por una pésima coordinación con el gobierno local que protegía a los Templarios.

Los hechos muestran que en el sexenio pasado, por lo menos en el michoacano, sí hubo pacto con el narco.

Es imposible sostener que nunca pudieron dar con Enrique Plancarte, ni con Dionisio Loya (“el Tío”), porque éstos eran muy hábiles. Si no dieron con ellos fue porque tenían protección política del gobierno estatal.

Lo menos que se puede decir es que fue una torpeza mayúscula dar por muerto al jefe de los Caballeros Templarios, Nazario Moreno, pues le permitió operar en absoluto anonimato por más de tres años. Alguien engañó al gobierno federal, para favorecer al narcotraficante.

No es creíble que ninguna autoridad local ni federal viera las millones de toneladas (119 mil fueron decomisadas hace unas semanas) de hierro almacenadas en los patios del puerto de Lázaro Cárdenas, que tenían Los Templarios, a la vista de todos.

Resulta absolutamente inverosímil la versión de que no hubo una sola autoridad federal ni estatal de Michoacán que pudiera darse cuenta que Los Caballeros Templarios sacaban toneladas de mineral de hierro en barcos que iban a China y a India, en los cuáles traían, en el viaje de regreso, precursores químicos para drogas sintéticas que procesaban y exportaban a Estados Unidos.

Hasta chinos había trabajando al servicio de Los Templarios en las instalaciones federales del puerto de Lázaro Cárdenas, y nadie decía nada. Eso solo se logra mediante acuerdos con el narcotráfico.

Eso ya no existe, a un año y cuatro meses de iniciada la administración del Presidente que, decían, iba a pactar con el narco.

Desde luego no ha terminado la violencia en Michoacán. Ha crecido en Morelos, Veracruz y Estado de México, entre otros estados, por la impunidad que invita a la formación de bandas criminales. Pero eso tiene arreglo, porque ahora hay diálogo político de la federación con los gobiernos estatales.

Lo que había, paradójicamente, eran pactos con el narco y ausencia de coordinación para combatirlos.

Estelas
Dos buenas noticias: la mexicana Alejandra Sánchez Inzunza ganó el Premio Ortega y Gasset de periodismo, el más importante en lengua española...Y cierto personaje, que suele cavilar repatingado en el mullido sillón de su amplísimo estudio, vuelve a escribir, ahora en las páginas de El Financiero.