Opinión

Pacto: de abajo para arriba


 
 
En la reunión de hoy en la noche entre los firmantes del Pacto por México y las bancadas legislativas se podrá comprobar que el acuerdo para una agenda legislativa se firmó en una ventanilla equivocaba.
 
La toma de decisiones para las reformas estructurales se asume en el Congreso, pero el Pacto se firmó entre las dirigencias nacionales de los tres principales partidos. Sin embargo, la realidad ha terminado por imponerse en 2 datos: los acuerdos reales se tejen en las bancadas de las 2 cámaras y, como se vio en el caso de la reforma a la ley de amparo, el voto decisivo no salió de alguno de los tres grandes partidos sino del Partido del Trabajo, hoy no incluido en el acuerdo.
 
Las posibilidades de éxito o fracaso del Pacto estarán situadas en las bancadas legislativas donde existe, con todo, mayor cohesión que en las dirigencias partidistas: en el PAN existe una fractura que ha ido desdibujándolo y que sólo se sostiene por las posiciones actuales, además de que sus expectativas electorales estarán amarradas a alianzas con el PRD en las elecciones de este año; el PRD se ha ido desfondando y se dividió en 3 tercios: 'Los Chuchos', López Obrador y René Bejarano; y en el PRI no se nota liderazgo.
 
La teoría analítica sobre los partidos ha llevado a definir nuevas formas de organización interna por su militancia y por lo que se conoce como 'coalición dominante'. El Pacto por México supone partidos como existían hasta hace más de 25 años, antes, por cierto, del colapso del PRI con la formalización de la Corriente Democrática de Cuauhtémoc Cárdenas y la fractura aún no superada en el tricolor y luego el proyecto neoliberal de Carlos Salinas que condujo a nuevas alianzas entre grupos realmente determinantes y no simplemente corporativos.
 
La viabilidad de los Pactos de la Moncloa de la transición española radicó en 3 pasos: la conducción directa de la definición por el presidente Adolfo Suárez, la definición integral de cambios para rediseñar el modelo de desarrollo y la modificación rápida de leyes en el parlamento. Ayudó al proceso el hecho de que España era un sistema parlamentario, pero Suárez supo con inteligencia dividir su tarea de operador de la transición de la de sus labores parlamentarias.
 
La reforma a la ley de amparo evidenció las dificultades de los acuerdos en 2 puntos concretos: la red de intereses de los legisladores y los nuevos equilibrios entre partidos. Al PRI estuvo a punto de caérsele por 17 votos en contra, abstenciones o ausencias tramposas de diputados vinculados a la telebancada, pero su dirigente Manlio Fabio Beltrones logró cubrir esos votos con el PT y Nueva Alianza.
 
El Pacto por México partió de un error de comprensión del sistema de partidos. La prueba se localiza en el apoyo al acuerdo por parte del presidente nacional del PAN, Pablo Emilio Madero, pero sin el consenso de las bancadas donde el partido está dividido. El liderazgo de Jesús Zambrano en el PRD se pulverizó por las divisiones internas. Y en el PRI los neocorporativismos han hecho ineficaz a la dirigencia. De ahí la inoperatividad del mandato de las dirigencias en el tema de la ley de amparo hacia los legisladores.
 
El modelo fue estudiado a mediados de los ochenta por el especialista italiano Angelo Panebianco para mostrar el diseño de las nuevas organizaciones internas de los partidos. En la realidad, los partidos han pasado de los acuerdos por solidaridad que forjaron sus nacimientos -ideas, sentimientos, amistades, contexto- al sistema de intereses que definen los comportamientos de sus militantes.
 
El otro problema de los partidos radica en lo que pudiera llamarse la maldición Michels, el sociólogo alemán que en 1919 concluyó que la organización de la dirigencia de los partidos siempre termina en la hegemonía de una oligarquía, un esquema conocido como la 'ley de hierro de la oligarquía'. Paulatina e inevitablemente los intereses de los grupos dirigentes se imponen en el reparto interno y externo del poder, en las definiciones ideológicas y sobre todo en el pragmatismo a la hora de participar en la toma de decisiones.
 
De ahí la ineficacia del Pacto por México si sigue dependiendo de las dirigencias partidistas. La estructura organizativa de los partidos y sus espacios de poder fue procesada por Panebianco en un mapa del poder organizativo que divide el poder de los partidos en cuatro grupos: dirigentes, burocracia central, estructura intermedia, agrupaciones locales y su impacto en tres niveles: gobierno, grupo parlamentario y representantes locales. La eficacia de los acuerdos radica en el grupo dominante.
 
Panebianco explica dos formas del poder organizativo: los partidos fuertemente institucionalizados donde las decisiones se toman en la cúpula del partido y se operan en los grupos parlamentarios y los partidos débilmente institucionalizados donde el poder se concentra en los grupos parlamentarios. No es difícil concluir que el modelo actual en México es el segundo, de partidos no sólo débilmente institucionalizados sino con dirigencias enclenques.
 
De ahí que la reunión de hoy en la noche entre partidos y sus bancadas parlamentarias deba llevar a un reacomodo del centro de decisiones, sobre todo si se toma en cuenta la agenda de reformas estructurales que se negociará en las bancadas y entre las bancadas. Los partidos se enterarán hoy que representan en cada uno de ellos a coaliciones gobernantes en cada partido divididas e inestables, lo que conduce a una crisis de gobernabilidad en las élites del poder político. La coalición gobernante es el círculo interno del poder en cada partido vis a vis sus bancadas parlamentarias.
 
La viabilidad del Pacto no descansará en la demagogia del acuerditis o en las decisiones entre dirigencias oligárquicas de los partidos sino en donde se concentra el poder de las decisiones: las bancadas parlamentarias. Ello debería conducir a un replanteamiento del Pacto, si quieren mantener sus objetivos de reforma del Estado.
 
www.grupotransicion.com.mx
carlosramirezh@hotmail.com
@carlosramirezh