Opinión

Pablo Vargas Lugo, el sueño vano de conquistarlo todo

 
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(Especial)

El 19 de febrero de 1899 nació en Rosario, Argentina, Lucio Fontana (1899-1968), el artista italo-argentino que, después de siglos de pintura, se atrevió a rasgar el lienzo. A partir de 1949 Fontana empezó a producir las pinturas monocromáticas que cortaba con un cuchillo y cuyo reverso había pintado de negro para crear, a través de los cortes, cierta profundidad. Para esta serie había elaborado, con la ayuda de escritores y filósofos, el manifiesto del Espacialismo, que debía servir al arte a prepararse para la era espacial, para lo cósmico. “La materia, el color y el sonido en movimiento son fenómenos cuyo desarrollo en conjunto debe crear un nuevo arte”, el arte que se produciría para la conquista del universo.

Pablo Vargas Lugo (Ciudad de México, 1968), admirador del trabajo de Fontana, presenta Ovipositor, su exposición más reciente, en la galería Labor en la Ciudad de México. Vargas Lugo ha producido desde hace 20 años un cuerpo de obra que se relaciona con disciplinas por lo general poco abordadas en el arte, como la conquista del espacio, y otras de alguna forma derivativas, como la óptica, el comportamiento de los insectos o la métrica musical, creando contraposiciones donde se entreteje lo milimétrico y lo cósmico, lo críptico y lo hermoso, el pasado y el futuro. Sus obras siempre intrigan, son el fruto de investigaciones cuasi científicas, pero también muy personales, que se refieren al mismo tiempo a teoremas, a dinámicas dominicales, a una madre pianista, a sobremesas donde se hablaba de filosofía, a un tiempo que ya no existe y no volverá.

Para su última exposición, el artista colocó en la sala de exhibición un poste de concreto de 13 metros de largo que en la punta tiene lo que puede verse como una especie de huevo/supositorio que descansa diagonalmente sobre una base de metal, como un proyectil que estuviera a punto de ser lanzado para inseminar a un cuerpo celeste a millones de años luz; simultáneamente remite a un poste de luz caído.

Así, la pieza integra en su concepción la narrativa de tiempos sobrepuestos: el portentoso misil que apunta al cielo alude también al paisaje desolador de un sitio destruido.

Siguiendo la retórica marcial de la pieza central, Vargas Lugo colgó alrededor del Ovipositor varios pendones que a primera vista parecen estandartes militares, donde pintó sobre fondos marmoleados unas fundas de espadas cubiertas con patrones de lo que parecen ser banderas imaginarias, pero en realidad se trata de diseños que usan las larvas de distintas especies de mariposas como un recurso hipnótico para su sobrevivencia.

Tanto el arte de Fontana como el de Vargas Lugo apuntan hacia el espacio oscilando entre la belleza, la agresión y la sutileza. El cuerpo de obra que Vargas Lugo lleva produciendo por más de 20 años nos muestra que la realidad es una superchería, que el mero espacio y la mera materia se ven constantemente transformados por otros lenguajes y por los signos. Con su registro de invenciones y de ocurrencias convierten al artista en un historiador de nuestra resiliencia, donde la ausencia humana constituye una reflexión nostálgica, una especie de divagación postapocalíptica sobre el sueño humano de conquistarlo todo.

(Pablo Vargas Lugo, Ovipositor, 2 de febrero-18 de marzo 2017. LABOR, Gral. Francisco Ramírez 5, Ampliación Daniel Garza, Ciudad de México).

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