Sean serios, el peligro es real
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Sean serios, el peligro es real

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Sean serios, el peligro es real

22/03/2018
Actualización 22/03/2018 - 8:45

Resulta inconcebible que los dos candidatos representativos de la modernización del país estén enfrascados en un pleito a muerte que sólo puede dar por triunfador al que va a echar atrás las reformas sin las cuales el país se va a hundir en los siguientes años.

“Sean serios”, dijo el presidente del Consejo Coordinador Empresarial a los candidatos presidenciales, y AMLO se puso el saco aunque el mensaje no iba para él.

El reclamo es fundamentalmente para los candidatos del PAN y el PRI.

Ricardo Anaya convirtió su candidatura en una cruzada personal contra el presidente Peña Nieto.

Lleno de un rencor que salió quién sabe de dónde, pues se veía un político sensato y de buena fe, o contagiado por los estilos amargos de algunos de sus principales asesores, Anaya se ha propuesto en esta campaña destruir a Peña Nieto y ofrece cárcel para él en caso de ganar.

¿No se da cuenta Anaya que al centrar sus ataques contra el presidente descalifica todo lo hecho en este sexenio?

¿No entiende Anaya que destruir a Peña Nieto es destruir sus reformas?

¿No ha leído nada de la historia reciente de nuestro país?

El odio hacia Peña que destila Ricardo Anaya lo tiene trabado en un pleito absurdo con el PRI, que con toda razón lo defiende. Bien o mal, Peña es suyo.

Y Anaya no tiene el coraje de defender al expresidente de la República surgido de su partido, Felipe Calderón. Sus asesores del círculo íntimo odian tanto a Calderón como lo hace López Obrador.

No se puede vivir con tanto veneno, dice la canción.

Y mientras panistas y priistas se enzarzan en pleito, les va ganando López Obrador, que se puede contradecir un día sí y otro también.

Va ganando un candidato sin propuesta económica, sin propuesta en seguridad y sin propuesta anticorrupción.

Lo que sabemos de López Obrador es que su oferta es destruirlo todo. Lo que está bien, quiero decir.

Propone echar abajo la reforma energética.

Como apuntaba Enrique Quintana en estas páginas el martes, ya van ocho licitaciones de bloques petroleros, que implican 74 contratos adjudicados a empresas de más de 20 países.

López Obrador prometió revisar esos contratos “uno a uno” y frenar las licitaciones, es decir la reforma. Son casi 150 mil millones de dólares comprometidos en inversiones.

¿Alguien con dos dedos de frente no entiende lo que significaría para el país, para su credibilidad, para la inversión extranjera que necesitamos, dejar en vilo los contratos asignados y dar marcha atrás a la reforma?

AMLO sabe lo que hace, porque eso es lo que busca. Pero, ¿Anaya?

Da la impresión de ser una persona inteligente, pero le gana el odio: no se da cuenta que al atacar a Peña pone en tela de duda las reformas y sus argumentos le dan la razón a López Obrador.

Con la caída de la reforma energética, ¿a cuánto le gusta el tipo de cambio?

Con la incertidumbre que se arrojaría a los inversionistas internacionales, ¿alguien traerá un dólar para jugársela en México con un presidente como López Obrador?

Tirar la reforma educativa y darle el control de la educación a la CNTE, ¿no traerá consecuencias para millones de jóvenes mexicanos que saldrán al mercado laboral sin saber hacer nada?

Hay que ser serios porque el peligro es real. AMLO está arriba en las encuestas y Anaya, alentado por sus asesores, sigue golpeando a Peña Nieto.

Cárcel, comisión de la verdad, “me tiene miedo”, etcétera. A AMLO le queda ese discurso, al PAN no. Azuzar el odio contra Peña es darle votos a López Obrador, y no a los firmantes del Pacto por México.

Lo que estamos viendo es una locura. Las fuerzas políticas que han modernizado al país y que deben completar la tarea y corregir lo que se ha hecho mal, están empeñadas en destruirse una a otra para hacer ganar al que va a regresarnos al pasado estatista en lo económico y arbitrario en lo político.

Sí, sean serios.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.