De reversa, no se engañen
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De reversa, no se engañen

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De reversa, no se engañen

05/09/2018

Para los que creían que AMLO había cambiado y el hecho de tener la responsabilidad de gobernar lo había desideologizado y transformado en un político pragmático, ahí están los hechos que los desmienten: frenó la reforma energética.

Se trata del cambio estructural que el próximo presidente más aborrece de las reformas sexenales.

El fin de semana confirmó la suspensión indefinida de las rondas petroleras, es decir puso freno a la continuidad de la reforma energética.

Dijo que se van a revisar los contratos adjudicados hasta la fecha y suspendió las dos rondas de licitaciones programadas para febrero. (Ya habían sido pospuestas por este gobierno para dejarle manos libres a la administración de AMLO).

¿Qué tiene que ver frenar las rondas de adjudicaciones programadas para su sexenio, con la revisión de las que ya se han hecho?

Nada. Absolutamente nada. Se pueden hacer perfectamente las dos cosas a la vez.

La auditoría a las adjudicaciones, que según Alfonso Romo ya habían revisado y eran impecables, tendría que realizarse sin frenar las siguientes rondas de licitaciones.

Si en el gobierno de Peña hubo alguna licitación mal hecha, ¿quiere decir que el de AMLO también las va a hacer mal?

Una cosa es la letra de la reforma y otra es lo bien o mal que se haya aplicado (hasta ahora han sido ejemplares) en las subastas.

No nos engañemos: se trata de pretextos para frenar la reforma energética y no se va a volver a levantar en el resto del sexenio.

El 14 de febrero deberían darse dos rondas de licitaciones de contratos petroleros, y se cancelaron todas hasta nuevo aviso.

Ahí está el preludio del adiós a la reforma energética.

Adiós a la ingenuidad de los que pensaban que el nuevo gobierno no llegaba a tirar las reformas y sólo combatiría la corrupción y el gasto superfluo.

Esa es la propaganda para ganar adeptos. La realidad está en otro lado.

Lo dijo el líder de los diputados de Morena, Mario Delgado, en su discurso en la instalación del Congreso: la política energética de este gobierno (Peña Nieto) ha sido un desastre. “¡Treinta millones de votos en contra de sus reformas estructurales! El pueblo votó por un cambio en la economía”.

Culpan a la reforma energética del alza al precio de las gasolinas.

Otro engaño para llevar a cabo su regresión estatista.

Los precios de las gasolinas son internacionales, y si en México son más elevados que en otros países (muy pocos, por cierto), es por el impuesto que tienen.

¿Quieren gasolinas más baratas? Muy sencillo: bajen el impuesto, sin necesidad de gastar en refinerías.

Van a hacer las dos cosas al mismo tiempo: subsidiar el impuesto y construir refinerías. Esas medidas no tienen lógica económica sino política: regreso al populismo revolucionario.

Ya se anunció que para el próximo presupuesto se incluye el gasto de 155 mil millones de pesos (unos ocho mil 115 millones de dólares) para construir una refinería en Tabasco.

Se trata, otra vez, de un proyecto ideológico sin criterios económicos.

Una enorme inversión, que hace apenas unos días la próxima secretaria de Energía, Rocío Nahle valuaba en seis mil millones de dólares, y en un santiamén subió a ocho mil 115 millones de billetes verdes.

Terminará costando diez mil millones de dólares y comenzaría a operar a finales del sexenio, para vender gasolina a precios subsidiados.

Ese dinero hay que tomarlo de algún lado del presupuesto y el subsidio también hay que pagarlo.

A los inversionistas, a los empresarios que hacen cuentas alegres porque les puede ir bien a “ellos” por su cercanía privilegiada con el próximo gobierno, a los analistas que se comen el anzuelo de que AMLO sólo va por más austeridad, se les olvida que el próximo presidente es un enemigo de las reformas por él llamadas “neoliberales”.

Ya anunció la próxima caída de la reforma educativa y ahora frena la reforma energética con un pretexto infantil.

Ojo: la red que se teje para el control político en el país, más el regreso al rol preponderante de los sindicatos en la educación pública, y el freno a la reforma energética, son señales que no podemos hacer como que no vemos.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.