AMLO, el privilegio de engañar (la farsa de sueldos y empleo)
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AMLO, el privilegio de engañar (la farsa de sueldos y empleo)

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AMLO, el privilegio de engañar (la farsa de sueldos y empleo)

17/04/2018
Actualización 17/04/2018 - 8:38

Las tres veces que López Obrador ha intentado ganar la presidencia ha centrado parte de su campaña en fustigar los altos sueldos de los funcionarios públicos. Llegó a decir que no era posible que el jefe del Ejecutivo de México ganara el doble que otros mandatarios latinoamericanos.

Ofrece que se va a bajar el salario y a todo su gabinete. Muy bien, y ¿por qué no lo hizo cuando fue jefe de Gobierno? Porque es demagogo.

Cuando dejó el gobierno de la capital, López Obrador tenía un sueldo mensual neto de 71 mil 692 pesos, que equivalían a unos siete mil dólares.

Lula, entonces presidente de Brasil, percibía un salario de tres mil dólares al mes. Menos de la mitad que el sueldo de AMLO.

Kirchner, presidente de Argentina, ganaba el mes dos mil 56 dólares.

Lagos, presidente de Chile, tenía un sueldo de cuatro mil 200 dólares mensuales.

Y en el gobierno de AMLO, su chofer, Nico, se despidió ganando un sueldo de 70 mil 343 pesos al mes. Casi siete mil dólares.

Alejandro Esquer, secretario particular de López Obrador, ganaba 74 mil 379 pesos, que eran más de siete mil dólares. Lo mismo los secretarios y el oficial mayor.

Promete bajarse el sueldo a la mitad: ¿por qué no lo hizo cuando estuvo arriba?

Promete bajar el sueldo a altos funcionarios y subirle a los que están abajo. ¿Cuál será el resultado? Que un director ganará como jefe de departamento y el jefe de departamento como director (tal fue el caso de su secretario particular y el jefe de Gobierno). Un desastre, producto de su demagogia.

Engaño es también decir que creó muchos empleos cuando fue jefe de Gobierno.

Al contrario, el Distrito Federal aparece, de acuerdo con las cifras del Inegi, como la ciudad de mayor índice de desempleo entre 2001 y 2004. Las estadísticas reportan para la capital del país –en esos años– una tasa de desempleo abierta por encima de la media nacional.

En el primer año del gobierno de López Obrador, 2001, el Distrito Federal (DF) tuvo una tasa de desempleo abierta de 3.0 por ciento, contra 2.5 de la media nacional.

Para 2002 el DF volvió a registrar un desempleo abierto de 3.0 por ciento y la media nacional fue de 2.7 por ciento. En 2003 el desempleo en el país subió y alcanzó 3.2 por ciento, pero el Distrito Federal aumentó más todavía: se fue a 3.6 por ciento.

Faltaba lo peor: 2004. En el país la media nacional de desempleo abierto fue de 3.7 por ciento, mientras esa tasa en el DF llegó a 4.7 por ciento.

Es decir, el crecimiento del desempleo en el Distrito Federal fue una rémora para el país: arrastró el promedio nacional hacia la baja.

Durante el primer bimestre de 2005 se crearon 103 mil 399 empleos formales en el país, pero en el Distrito Federal la creación de empleos fue negativa pues se perdieron dos mil 236 empleos.

Todo fue informalidad. Ambulantaje.

Ahí estaba el negocio de la honestidad valiente.

En esto cinco años se han creado más empleos formales que nunca en la historia. Tres y medio millones.

¿Qué va a pasar con el empleo formal si López Obrador llega a la presidencia?

Hay que revisar lo que hizo en su gobierno en el Distrito Federal.

Para abajo la formalidad, para arriba el ambulantaje: ahí hay un pilar político y financiero del populismo.

Volverá con López Obrador, si gana la presidencia.

Como volverá la deuda, que se disparó casi al doble, como veremos mañana en la última entrega de 'El privilegio de engañar'.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.