Opinión

Oye, AMLO

 
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AMLO

López Obrador es un hombre de firmes principios. Claro que si estos principios no gustan, no hay problema: tiene otros, como dijo Marx. Groucho Marx.

Respecto a Venezuela ha dicho en repetidas ocasiones que se abstiene de opinar porque es un creyente en el principio de no intervención. Pero ese mismo principio no importa si se trata de Estados Unidos.

Hace unos meses hizo una gira por varias ciudades de ese país, mostrándose en todo momento respetuoso de la política interna de la nación del norte. En varias de sus intervenciones afirmó que el de Trump es un discurso de odio, que se trata de un “irresponsable gobernante neofascista”, que es “una canallada que Trump y sus asesores se expresen de los mexicanos como Hitler y los nazis se referían a los judíos”, que aquel gobierno explota “el patrioterismo, el chovinismo y el odio”.

No sé qué le parezca a usted esto, querido lector, pero a mí me da la impresión de que ir de gira a Estados Unidos y decir esas cosas viola un poco el principio de no intervención.

Como candidato, Trump vino a México. Gran error de Videgaray que le costó su puesto. Pero ni de lejos se expresó de nuestros gobernantes del modo en que lo hace el candidato López Obrador. Perdón, ¿qué no es candidato? ¿Entonces qué es? ¿Coordinador de organización territorial como Claudia Sheinbaum? ¿A qué está jugando? No viaja a Estados Unidos a ayudar a los migrantes, viaja en busca del voto de los mexicanos en el extranjero. Viaja para burlarse, una vez más, de la ley.
¿Interviene o no interviene? Con Venezuela no, con Estados Unidos sí. A Maduro ni con el pétalo de una crítica, a Donald Trump hasta con la cubeta.

Todo esto lo sé porque AMLO acaba de reunir sus discursos en Oye, Trump (Planeta, 2017), un libro repleto de contradicciones, de promesas de campaña, dentelladas y buenos deseos para toda la humanidad. No exagero. México y Estados Unidos le quedan chicos al dirigente de Morena. En este libro lo vemos ya en pleno despegue como pensador universal.

Investido en su papel de predicador cristiano, afirma que a Trump “hay que responderle con el principio espiritual del amor al prójimo”, que su papel es el de “construir una fraternidad universal, más humana y espiritual con todos los pueblos del mundo”, que de lo que se trata es de edificar “aquí en la tierra, el reino de la justicia y de la fraternidad universal”, para poder vivir sin “pobreza, miedos, temores, discriminación y racismo en todo el mundo”. Desde lo alto del púlpito afirma categórico que “nada ni nadie podrán impedir que triunfe la causa de la justicia y de la fraternidad universal.” Amen.

Bueno, pero ¿qué hacemos con el hitleriano y neofascista Trump? Fácil. “Trump –dice AMLO– no podrá con la bondad del pueblo de Estados Unidos”. Con argumentos y buenos deseos él podrá “hacerlo entrar en razón”. Arguye: “No descarto la posibilidad de que rectifique por el bien de las dos naciones, de convencer a Donald Trump de su equivocada política exterior”. Ojalá las cosas en el mundo fueran tan simples…

No lo son, por supuesto. Afirma que la migración “se debe al fracaso del modelo económico neoliberal”. Lo repite varias veces para que no haya duda: “La migración es la prueba más clara y dolorosa del carácter excluyente del modelo neoliberal”. Entonces, ¿por qué los mexicanos se van a Estados Unidos, que es el país con la economía más neoliberal del mundo? ¿Por qué los mexicanos no se van a Cuba o a Venezuela? ¿Por qué, si el neoliberalismo es el Mal, más de un millón de cubanos que vivían en el Paraíso han huido a Estados Unidos?

Oye, Trump (título copiado del Escucha, Yanqui, de Wright Mills) lo firma López Obrador, pero las ideas económicas que exhibe son de Rogelio Ramírez de la O y las políticas son del delirante Pedro Miguel (quien afirma en el prólogo que el gobierno de México ha hecho del “tráfico de personas una política de Estado”, convirtiéndose en el “principal pollero del país”.) El epílogo es de Elena Poniatowska, que dice cosas asombrosas, como que Estados Unidos “es el país que más migrantes recibe”, alrededor de “43 millones legales y 10 millones ilegales” al año (con estas cifras ya hace tiempo que habría rebasado a China en población, pero en fin.)

López Obrador viajó a Estados Unidos para defender los derechos de “nuestros paisanos y de todos los migrantes del mundo”. Viajó para decirles a los desempleados de aquel país que nuestros “migrantes no son sus enemigos, sino sus hermanos”. No lo entendieron, quizá porque López Obrador no habla inglés.

Otra ocurrencia de López Obrador se refiere a la frontera mexicana. Dice que va a crear “una franja de por lo menos 20 kilómetros de ancho” para formar “una zona libre o franca” y que ahí va a aplicar estímulos fiscales, reducir los precios de los combustibles, bajar el IVA y “aumentar el salario mínimo a cuando menos el doble”, hasta “alcanzar gradualmente la homologación entre salarios” con Estados Unidos. Lo que no dice es cómo podrá evitar que más de la mitad de los mexicanos emigre a esa zona fronteriza llena de privilegios.

López Obrador viaja a Estados Unidos para promover el voto por Morena entre los mexicanos residentes en el extranjero. El INE de Lorenzo Córdova hace como que le habla la Virgen. Pero el que habla es AMLO. Dice que quiere la justicia universal, pero quiere votos. Dice que no es “un vulgar político”, pero resulta que tal vez sí.

Twitter: @Fernandogr

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