Opinión

Otro rato

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Probablemente usted ya percibió que se han calmado los mercados financieros. No regresamos a los niveles de junio de 2014, cuando empezó el drama, pero sí están las cosas un poco mejor que en los últimos meses, e incluso el peso ha recuperado algo de terreno frente al dólar, igual que lo han hecho muchas de las monedas del mundo. Como ya hemos comentado, es un fenómeno global.

Pero ahora de donde vienen las malas noticias no es de la parte financiera, sino, como dicen los economistas, de la parte real. Todo apunta a que el crecimiento de la economía estadounidense en el primer trimestre del año fue bastante malo, y es posible que el dato que se anuncie esta semana esté en medio de los dos primeros trimestres de los años pasados: -0.9 por ciento en 2014 y 0.6 por ciento en 2015. Sin embargo, a diferencia de lo ocurrido en esos dos años, ahora hay datos que apuntan a una recesión, aunque tal vez sea suave.

Por un lado, la actividad industrial lleva más de un año con tendencia a la baja, y desde junio pasado está en números rojos. Por otro, las nóminas no agrícolas se han estancado desde hace un año, y hay una ligera tendencia a la baja (aunque en promedio siguen alrededor de 2.0 por ciento anual de crecimiento). Las ventas reales también están en terreno positivo, pero con una tendencia a la baja que ya está por debajo del 1.0 por ciento anual. Estas tres series, junto con el ingreso personal (que también tiene tendencia decreciente, en terreno positivo) son las que tradicionalmente utiliza la NBER para determinar el inicio y fin de una recesión. No es que tengan que ser negativas todas, sino mostrar una tendencia decreciente de forma conjunta, por un tiempo razonable. No hay un método exacto, como puede usted ver, sino una apreciación general del funcionamiento de la economía.

Así, aunque no necesariamente se anunciará la recesión pronto, es muy posible que esto ocurra en mayo o junio, si no hay un cambio de tendencia. No se trata de una recesión como la de 2009, y ni siquiera parece que vaya a ser como la de 2001, pero sí hay indicios de que la economía vecina crecerá menos en este año, y posiblemente un par de trimestres sean de contracción. Eso significa que nuestro principal cliente no va a comprar más, y por lo mismo nuestras exportaciones van a sufrir una contracción en algunos meses de 2016. Si a eso le sumamos la tragedia del petróleo, el dato de crecimiento para México va a ser significativamente inferior a las primeras estimaciones que se hicieron, que hablaban hasta de 3.0 por ciento para este año.

Las recesiones son fenómenos normales, que ocurren cada cierto tiempo, sin que se puedan ni evitar ni predecir con certeza. Tienen la gran utilidad de evidenciar negocios que no lo son, y abrir oportunidades nuevas, pero siempre causan sufrimiento. En ocasiones, tienen un impacto político relevante, cuando ocurren cerca de una elección. Por ejemplo, Clinton fue elegido después de una recesión importante en 1991 y lo mismo ocurrió con Obama en 2008. Ignoro si en esta ocasión esto pueda ayudar al candidato republicano, que es la oposición. Dados los posibles candidatos, es mala noticia.

Puesto que no parece tratarse de una recesión profunda, tal vez esto no ocurra, ni el impacto sobre México sea demasiado fuerte, pero es seguro que algo notaremos. Es posible que la mejor estrategia sea aprovechar este año para preparar lo que sigue, como usualmente ocurre en las recesiones. La de 2001 se llevó a la industria a China, la de 2009 frenó ese proceso, veremos qué nos trae ésta.

El autor es profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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