Opinión

Otro debate de los candidatos a presidir el PAN

El pasado 29 de abril, los candidatos a la presidencia del Comité Ejecutivo Nacional del PAN, Gustavo Madero y Ernesto Cordero, llevaron a cabo un debate que fue transmitido por Internet. La transmisión adoleció de deficiencias técnicas, que fue lo más señalado por los comentaristas.

Pero también, como si se tratara de una consigna, abundaron los comentarios sospechosamente uniformes en el sentido de que más que un debate de ideas y propuestas, que perfilen un proyecto de partido confiable a los ciudadanos, como antaño, moderno y eficaz, el debate se limitó a una simple guerra de lodo.

A pesar de las deficiencias técnicas y de otro tipo, las críticas del tenor apuntado parecieron exageradas y algunas hasta mal intencionadas. Y no porque el debate se haya ajustado a un modelo ideal. No, por supuesto. Pero se puede afirmar que ningún otro partido –y menos aún de los otros dos mayores, PRI y PRD- están hoy por hoy en condiciones de llevar a cabo un ejercicio similar. Ni remotamente.

Históricamente la principal característica del PAN en su vida interna fue la exposición de ideas, la discusión y el debate. Así me consta y de ello doy testimonio por una trayectoria superior al medio siglo. No lo sé de oídas ni nadie me lo contó. Fue experiencia personal. Es cierto que había una regla no escrita que luego se redactó, que los asuntos internos sólo y exclusivamente se podían y hasta se debían abordar –como frecuentemente se hacía con vehemencia y pasión- pero únicamente adentro. No afuera.

Las razones eran entendibles. Muchos medios, no todos, tenían una clara tendencia a magnificar las cosas y darles tintes de escándalo. Una discusión al interior de Acción Nacional frecuentemente era presentada no sólo de manera distorsionada o de plano falseada, sino que se hacía suponer a la audiencia o a los lectores que era como una especie de profunda división interna, preámbulo del derrumbe de la organización.

Además, estas diferencias internas, perfectamente naturales en una organización de verdadero corte democrático, eran aprovechadas por el gobierno y su partido para atizarlas. O en el mejor de los casos aprovechar el férreo control que entonces el propio gobierno tenía, y que hoy tristemente parece estar de regreso, para presentar estos aspectos de la vida interna del PAN como signos de debilidad. Cuando era exactamente lo contrario.

En fin, el hecho es que había un acuerdo más o menos aceptado por todos de que estas cuestiones domésticas, por las razones apuntadas, no se ventilaran en público. Se entendía y nadie, o a muy pocos, consideraban injustificada la medida. Además, por la debilidad del sistema mexicano de partidos y la súper hegemonía del partido del gobierno, lo que sucedía al interior de Acción Nacional solía tener escasa o nula atención mediática. Hoy es radicalmente diferente por la competitividad del actual sistema de partidos.

Lo anterior viene al caso porque uno de los candidatos, Gustavo Madero, ha propuesto la celebración de un nuevo debate con su contrincante, Ernesto Cordero, quien ha aceptado. De esta manera serán dos debates antes de la elección del próximo domingo 18.

Qué bien que así llegue a ser. No sólo porque se estará en la línea de la tradición histórica de Acción Nacional, de privilegiar la discusión interna y el debate, sino porque de esta manera se dará cumplimiento a lo que sobre el particular disponen los Estatutos de Acción Nacional, y no a lo que sobre el punto establece el Reglamento respectivo. En efecto, en claro conflicto de normas, los primeros (art. 42 numeral 2 inciso b de los Estatutos) dicen que entre los candidatos habrá debates (la palabra está en plural) y el Reglamento del CEN habla (art. 44) “de al menos un debate”, como sería en esta ocasión de no haber sido porque los candidatos están de acuerdo en tener otro.