Opinión

Otro aniversario

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Pues hoy se cumple un aniversario más de la expropiación de la industria petrolera, ocurrida el 18 de marzo de 1938. Aunque la nacionalización del petróleo, propiamente hablando, inicia con el artículo 27 de la Constitución de 1917, su aplicación estricta se había pospuesto, debido a la fuerza de empresas mineras y petroleras de Estados Unidos, Inglaterra y Holanda. Aunque no era necesario expropiar los activos de las petroleras para ello, Cárdenas lo hizo, me parece que con el objetivo de consolidar con este acto el régimen político que había construido durante los tres años previos.

Ya había constituido una empresa nacional de petróleo desde 1934, que fue la que recibió lo expropiado en 1938, y anunció la medida menos de una semana después de la Anschluss, la anexión de Austria por Alemania, que con ello señalaba claramente la posibilidad de una nueva guerra mundial. En este contexto, el presidente de Estados Unidos, Franklin Roosevelt, aconsejado por Josephus Daniels, su embajador en México y gran amigo de Cárdenas, decidió respaldar al presidente mexicano, incluso frente a los reclamos de empresas estadounidenses. A 78 años de distancia, creo que no podemos negar la actuación magistral de Lázaro Cárdenas, que además señaló el camino a muchos otros países que se hicieron del control de sus recursos naturales después de la Segunda Guerra Mundial.

Pero la industria petrolera mexicana, reducida a una empresa desde entonces, no resultó. De 1938 hasta 1976, México prácticamente producía el petróleo indispensable para el consumo interno. Había años en que algo sobraba, y se podía exportar, y otros en los que no alcanzaba, y había que importar, pero en el promedio prácticamente salíamos tablas. Fue el descubrimiento de Cantarell, poco tiempo después de que el embargo árabe elevara el precio del crudo, lo que nos colocó en el mapa mundial. Cantarell ha sido el segundo manto petrolero más grande descubierto por el ser humano. Estaba en nuestro territorio, y nos lo acabamos todito. De fines de los setenta, que empezó a producir, hasta su máxima producción a inicios de 2004, Cantarell sostuvo el funcionamiento del gobierno mexicano, incapaz de cobrar impuestos. En los últimos 12 años, la producción de Cantarell se ha desplomado, y no se ha podido compensar con otros pozos. La caída de producción no se resintió tanto porque el precio del crudo era alto, pero prácticamente nos redujo 0.3 puntos de crecimiento económico cada año.

Ahora, con el precio cayendo desde mediados de 2014, las ineficiencias de Pemex se han hecho evidentes, y resulta que en lugar de generar riqueza, la destruye. El año pasado, Pemex nos costó 500 mil millones de pesos. Sus deudas, financiera y laboral, son ya cercanas al presupuesto del sector público de un año. Ni modo.

La propiedad nacional del subsuelo no está en duda, pero ahora se permite su aprovechamiento por otras empresas que no sean Pemex. Esto significa que, para la nación, lo que le ocurra a Pemex no debería ser motivo de preocupación. Para el gobierno, que ha vivido de esa empresa, y que es su propietario, sí hay un problema. Tiene que reducirla a un tamaño en el que Pemex cree riqueza, y tiene que absorber sus deudas. Y ahí es en donde a nosotros nos costará. No es una hecatombe, pero sí un costo a pagar.

No es previsible que la mezcla mexicana supere los 50 dólares por barril en muchos, muchos años. No tiene caso posponer decisiones. Es momento de limpiar el desastre, y proceder a construir una cadena petroquímica y química que conviertan el crudo que nos quede en riqueza de verdad. Nueva época.

El autor es profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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