Opinión

Otra vez la corrupción

Desde hace semanas he querido escribir un artículo con aspectos positivos de la marcha del país y aunque hay varios temas alentadores —por ejemplo, la ejecución de la reforma de telecomunicaciones, una y otra vez los escándalos de corrupción saltan y es inevitable referirse a ellos, sobre todo cuando éste sigue siendo el mayor problema político de México desde su vida independiente.

En lugar de asumir una posición clara de indignación frente a la corrupción en Pemex durante los años que fueron gobierno federal, algunos panistas han adoptado una posición ambivalente que parece buscar impunidad o trueque.

Varios legisladores del PAN dijeron que actuarían “en bloque” en la exigencia al gobierno federal de esclarecer con nombre y apellido el fraude de Oceanografía, antes de abordar las leyes secundarias en materia energética. Pero esta exigencia carece de lógica. Primero, porque la investigación del caso llevará mucho tiempo, quizá años, antes de que se conozca la película completa y eventualmente los culpables sean sentenciados o sancionados. Segundo, porque parte de ese proceso dependerá de jueces en el caso de delitos penales, o bien, de la nueva Comisión Nacional Anticorrupción en el caso de sanciones administrativas.

El diputado del PAN Rubén Camarillo dijo que los legisladores de su partido vienen trabajando en las leyes secundarias de la reforma energética, “pero en este momento no hay condiciones para estar en una mesa. Queremos que antes la autoridad clarifique el caso Oceanografía”. ¿Acaso no debería ser el PAN el más interesado en que la reforma energética salga rápido y bien —se trata de uno de los triunfos políticos que podrán presumir por mucho tiempo— y en plasmar en las leyes secundarias la reforma energética que ellos impulsaron y que gracias a su perseverancia mejoró notablemente la postura original del gobierno? ¿Para qué contaminar esa discusión con el escándalo de Oceanografía?

El discurso descoordinado y errático de algunos miembros del PAN sólo fortalece la percepción de que algunos funcionarios y legisladores de ese partido han sido permisivos y aun promotores de la corrupción que durante tantas décadas criticaron. Igual que otros políticos cuando son acusados de corrupción, algunos panistas acusan al PRI de politizar el asunto para exhibir al partido. En lugar de afrontar el problema, usan la vieja táctica de acusar al mensajero en lugar de analizar el mensaje.

El expresidente Vicente Fox también perdió la oportunidad para reflexionar sobre la gravedad de la presunta corrupción en las contrataciones de Pemex durante su sexenio. Interrogado acerca del dueño de Oceanografía y si comparecería ante el Senado para aclarar el caso de corrupción, dijo: “¿Pa´qué hablo de tonterías? Si no hay nada. Ni va a haber comisión, ni me van a llamar, ni tenemos nada que ver”. Fox tiene derecho a deslindarse pero no puede evadir que durante su administración, aun sin su conocimiento o consentimiento, en Pemex habrían ocurrido actos de corrupción, tal como ocurrieron durante gobiernos del PRI a los que el criticaba acremente cuando era candidato.

Fox tampoco puede soslayar la importancia de una comisión de investigación del Senado. ¿Cómo puede asegurar que no será llamado a declarar? ¿Acaso no sería enormemente benéfico para el debate nacional que un expresidente explique por qué careció de mecanismos de control en una empresa tan relevante como Pemex? ¿Acaso no lo debería hacer también el expresidente Felipe Calderón?

El PAN tiene razón en proteger al principio de inocencia y rechazar juicios sumarios hasta que no haya investigación y sentencia, pero el sentido común lleva a una primera conclusión: muchos cuadros directivos de Pemex, algunos de ellos ligados al PAN o miembros de él, propiciaron o toleraron la corrupción en la empresa. La presidencia de la República en el periodo 2000-2012 fue omisa, cómplice o simplemente desoyó las advertencias que se hacían. Cualquiera de esas opciones son graves y todas ellas constituyen infracciones según la Ley Federal de Responsabilidades Administrativas de los Servidores Públicos y algunos pueden constituir incluso delitos según el Código Penal.

Llaman la atención las acusaciones públicas y las anécdotas que se comentan respecto al tráfico de influencias y la corrupción en algunas áreas del gobierno de Felipe Calderón. Llama más la atención que algunos de sus colaboradores cercanos como su exvocera y dos de sus secretarios particulares hayan sido mencionados en presuntos casos de corrupción (Siemens-Pemex y Capufe). También que el candidato del PAN al gobierno de Campeche, y uno de los señalados en autorizar pagos ilegales a Oceanografía, haya sido muy cercano a Juan Camilo Mouriño, el más cercano colaborador del expresidente.

Obviamente es necesario esperar el paso del tiempo. Decantar los excesos que se cometen al señalar presuntos actos de corrupción. Pero a pesar de todo ese cuidado que se debe tener, algo huele mal. Y ojalá el PAN, que es un activo más importante que la imagen de sus expresidentes o de cualquier actor en lo individual, tuetele ese bien superior: la del interés del partido por encima de cualquier otro, así sea un expresidente de la República. Ojalá el PAN aproveche la oportunidad y se deslinde de los presuntos corruptos, sea quien sea.