Opinión

Otra vez, la corrupción

 
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Marcelo Ebrard Casaubón

La verdad es que no hace falta que Transparencia Internacional le diga a los mexicanos el resultado de su índice de percepción de corrupción en el mundo. Lo sabemos, lo percibimos, existen elocuentes evidencias de que nuestro sistema es corrupto. Los partidos políticos han sido incapaces de combatir y disminuir la corrupción, enquistada en el aparato público. Muy al contrario, la han extendido, diversificado, ampliado. Cada uno en su estilo y con su forma, algunos discretos y omisos, otros cínicos y exhibicionistas.

Los empresarios del país, en segmentos amplios y extendidos, son víctimas pero también activos participantes del fenómeno y del delito, a jugar “el juego que todos jugamos”. Les ha faltado denuncia, rechazo, negativa enérgica a ser extorsionados, a recibir el “aligeramiento” de trámites, licencias y concursos, a cambio de porcentajes, participaciones y comisiones.

¿Es que nadie está exento?

Los mecanismos legislativos aprobados y anunciados pomposamente, no han sido implementados. Falta legislación secundaria e instrumentos precisos para poner en práctica el Sistema Nacional Anticorrupción. Y no parece existir voluntad política suficiente para conseguirlo.

Cuando México aparece por cuarto año consecutivo en la medianía de la tabla, con 35 puntos de 100 –cuando 0 es muy corrupto y 100 lo es nada– no hace sino señalar que nuestro país pertenece al tercio MÁS CORRUPTO del mundo. No a los menos, no a los que están en medio, sino a los más.

Es cierto que existen países más corruptos en el mundo Venezuela, Haití, Corea del Norte, pero en el grupo donde México se ubica y donde quisiera destacar –la OCDE, las economías más potentes y dinámicas del planeta– México es el más corrupto: ocupa el lugar 34 de 34 en la OCDE. En América Latina hay 10 países por encima de nosotros: muy lejos de Chile y Uruguay –los mejor calificados– lejos de Costa Rica, pero incluso por debajo de El Salvador, de Colombia, de Brasil y de Panamá. Lamentable.

Los escándalos surgidos en esta administración, la vergonzosa detención de Humberto Moreira en España no hacen sino fortalecer los niveles de percepción, pero además, extiende un sentimiento de derrota y de desánimo ¿estamos condenados a la corrupción? ¿no seremos capaces de eliminarla, disminuirla, neutralizarla?

Nuestra joven e imperfecta transición democrática, anunció con ánimo y energía en estos últimos 20 años el fin de la corrupción en México. El cambio de una cultura política hegemónica y monopartidista, a una pluralidad de competencia multipartidista real, sería el martillo para golpear y combatir a la corrupción. Confieso la ilusión y la esperanza de que así sucediera.

Una década y media después de esta transición efectiva, 20 años de denuncia y debate en torno al tema, estamos peor que nunca.

La lógica de los balances y los contrapesos, de poderes independientes que se vigilaran unos a otros, que se fiscalizaran recíprocamente, ha sido una falacia. Los señores diputados son los primeros en aprobar presupuestos excedidos, gastos no comprobados, declaraciones inexistentes. Bueno son los primeros en autoasignarse bonos y dietas exagerados en un país de 50 o 60 millones de pobres. Resulta esquizofrénico. El discurso de la moralidad y de la austeridad, por encima de una realidad de negocio, comisión, bono de premio por una gestión cuestionable.

Está claro que el aparato que nos gobierna, los decepcionantes partidos políticos, una cámara omisa que no castiga ni sanciona, que se adjudica fondos y se otorga partidas sin transparencia ni honestidad, no serán la solución.

Tal vez sea el momento de los ciudadanos; tal vez sea la hora en que la ciudadanía, harta y humillada por una retórica esquizofrénica asuma la responsabilidad de ese control y castigo, del ejercicio de la denuncia, de la exigencia de la persecución jurídica.

¿Por qué Humberto Moreira no tiene un expediente abierto en la PGR?

¿Por qué Fidel Herrera es cónsul en Barcelona y Juan Sabines lo es en Miami, cuando son públicos los descalabros a las finanzas de sus estados? ¿Por qué el gobierno de Mancera fue incapaz de investigar con eficiencia y transparencia a Marcelo Ebrard y a Mario Delgado con la Línea 12? Y tantos más.

Es la hora de los ciudadanos. Los políticos, el sistema, no lo harán.

Twitter:@LKourchenko

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