Opinión

¡Otra vez Fox!

 
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El expresidente Vicente Fox, en el Centro Fox. (AP)

Existen diversos estilos de ejercer la inútil, con frecuencia incómoda y me dicen, deprimente, posición de expresidente.

La tradición política mexicana, antes de la transición democrática, marcaba la fría distancia y el respetuoso silencio que se traducía en no inmiscuirse en ningún asunto público o mucho menos oficial.

Existieron casos célebres como el del inolvidable presidente Alemán, quien se inventó con inteligencia y visión, cargo, presupuesto y funciones para promover –con mucha eficiencia por cierto– el turismo mexicano en el mundo, por los siguientes 30 años posteriores a su gestión.

Está el caso de Echeverría, quien pretendía una especie de maximato de los 70, al intentar manejar la agenda y los temas desde San Jerónimo durante el primer año de López Portillo. No en balde el célebre Jolopo lo designó “embajador y ministro plenipotenciario en las Islas Fiji” y otros territorios australes. Sólo porque a la luna no lo podía enviar.

De la Madrid fue director del Fondo de Cultura Económica con Zedillo, y Díaz Ordaz, a regañadientes, primer embajador ante España en el restablecimiento de las relaciones, enviado por López Portillo.

No podemos olvidar a Salinas de Gortari y su estrategia enfocada a un organismo internacional postgestión, que se vio truncada con la detención de su hermano y la inolvidable huelga de hambre.

Pero como Fox, señores, ninguno.

Esto debe hacerle sentir bien al guanajuatense, muy propenso a distinguirse de sus antecesores, aunque sea mediante insensateces públicas, desatinos verbales, posturas absurdas, preferencias políticas cuestionables, lealtades dudosas y cuantas cosas más.

Vicente Fox propone, con la estatura de estadista que le define, “negociar y arreglarse con los cárteles de la droga [para] que dejen de estarse matando entre ellos y matando a nuestros jóvenes”. Afirma que se trata de un bien superior, la paz y la armonía, y que por ello se debe aceptar sentarse con criminales, perdonarlos –se infiere– dejar de perseguirlos –se deduce– y pactar un 'arreglo'.

Lenguaraz y boquiflojo como ha sido siempre, y ahora tendrá micrófono –¡Dios nos guarde!– Fox propone un sinsentido: que los criminales se conviertan –como por arte de magia– en ciudadanos honestos, productivos, casi hasta contribuyentes fiscales, que abandonen el muy rentable pero riesgoso negocio de los estupefacientes, que vuelvan al campo, los servicios, el trasiego o hacerse mojados. ¿A cambio de qué estaría dispuesto un criminal a hacer todo esto?

Se equivoca Don Vicente cuando dice que el gobierno estadounidense hace lo mismo, cuando los detiene y les reduce condenas a cambio de información. Por la simple razón de que en el tránsito de la condena disminuida y su liberación, pasan 20 o 25 años como en los casos recientes. Es decir, pagan sus delitos con penas altas, tal vez no, cadenas perpetuas.

¿Qué les vamos a ofrecer aquí? ¿becas, IMSS, cárcel con privilegios?

El principio de no negociación con terroristas que sostienen varios estados europeos y nuestros vecinos del norte, se sustenta sobre el mismo eje: un delincuente no deja de serlo por sentarse a negociar, cuando por cierto, está acorralado y el objetivo del Estado es reducir los daños, la sangre derramada y las víctimas. Sigue siendo un delincuente que ha violado la ley y ha provocado la muerte de inocentes.

El crimen debe combatirse con fuerza y energía, con método, con estrategia y con inteligencia. Las sociedades se han concentrado en ello desde hace siglos para establecer criterios igualitarios de esencial convivencia.

Los expresidentes de Estados Unidos ofrecen conferencias por el mundo al término de sus mandatos y, de vez en vez, el presidente en turno los convoca para acciones internacionales de paz, de negociación, de intercambio. Así ha sucedido por lo menos durante los últimos 25 años.

Algunos presidentes latinoamericanos, los honestos, como la señora Bachelet de Chile, quien fue funcionaria de la ONU en los tres años que mediaron entre su primer gestión y la segunda aún en curso, ejercen como integrantes de misiones internacionales.

Ernesto Zedillo fijó su residencia en Chicago y se dedicó a la vida universitaria y académica, además de consultor de la misma ONU y consejero de múltiples empresas.

Me parece que Felipe Calderón está aún –es muy joven– en la búsqueda de su propio rol como expresidente.

El caso de Vicente Fox supera todo pronóstico, podemos esperar lo que sea, cualquier disparate, total, lo dijo Fox.

Twitter: @LKourchenko

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