Opinión

Otra vez el federalismo

19 diciembre 2016 5:0
 
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¿Qué puedes deducir como freelancer?

Por César Velázquez Guadarrama.

Lo insólito de lo ocurrido en Veracruz y en otros estados de la República como Quintana Roo o Chihuahua han puesto una vez más en el ojo del huracán al federalismo. El gasto público ineficiente, la corrupción y la fragilidad institucional en muy diversas entidades es evidente. Sin embargo, y a pesar que este problema no es nuevo, el país sigue sin analizar de manera seria y profunda el modelo de federalismo que queremos, llevamos décadas poniendo parches al sistema que lo único que han hecho es hacerlo aún más confuso y contradictorio.

El primer elemento que tenemos que discutir es la división de responsabilidades entre el gobierno federal, los estados y los municipios. ¿Cuál nivel de gobierno debe ser el encargado de la pavimentación de las calles y del alumbrado público, de la salud o de la educación? ¿Quién debe vigilar la no existencia de monopolios en el país o regular el transporte de carga y pasajeros? ¿Cuál orden de gobierno debe ser responsable de las autopistas? ¿Cuál de los caminos de terracería? Estas preguntas no son triviales pues el desarrollo socioeconómico y el bienestar de la población dependen de que las actividades e incentivos de los tres niveles de gobierno estén alineados hacia un objetivo común. Además, esta división de responsabilidades debe ser clara de manera que los ciudadanos sepan a quien reclamarle si algo no funciona correctamente y así evitar que los gobiernos se culpen los unos a los otros sin asumir su responsabilidad.

El segundo punto a analizar es cómo se van a financiar las responsabilidades de cada nivel de gobierno. La asignación de los recursos debe ser congruente con las responsabilidades establecidas para así no generar desequilibrios entre los recursos y las obligaciones. Si bien es más eficiente que el gobierno central recaude los principales impuestos como el ISR y el IVA, en México esta centralización casi absoluta de las potestades impositivas ha generado una dependencia financiera tal de los estados y municipios que ha generado incentivos perversos en el comportamiento de los mismos. En este sentido considero la discusión debe guiarse a partir de dos premisas. La primera es que los estados deben participar de la recaudación de un impuesto de base amplia, ya sea el ISR o el IVA ( por ejemplo, se pude diseñar un esquema en el que haya un IVA nacional del 12% y un impuesto al consumo estatal de 4%). La segunda es que la distribución de las transferencias intergubernamentales deben rediseñarse teniendo como objetivo el que se ayude a los estados más desfavorecidos pero sin castigara a los que hagan mejor las cosas.

La complejidad política de hacer una gran reforma es enorme. Por eso considero que el presidente Enrique Peña Nieto perdió una enorme oportunidad durante el llamado pacto por México para rediseñar nuestro federalismo. La camaradería y la voluntad política que se observó para sacar adelante las llamadas reformas estructurales hubiera sido el marco perfecto para transformar el sistema. En estos momentos, ni el Presidente, ni alguna otra fuerza política, tienen la fuerza necesaria para impulsar una gran reforma pero la sociedad civil y la academia deberían empezar desde ya a realizar foros, proponer modelos distintos de federalismo, realizar ejercicios prospectivos de finanzas públicas y demás para que en el momento que se abra una ventana de oportunidad estar listos para cambiar al país.

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