Opinión

Orgasmos alternativos

¿Hay algo verdaderamente infame en el hecho de que las viejitas vieran y sintieran un cuerpo joven antes de poner un pie en la tumba? No. No manchen su alma, caray, sancionen un poco sin querer a los encargados y punto com.

Repantigado en el mullido sillón del amplísimo estudio, Gil pensaba que en el mundo quedan pocas almas caritativas. Gil lo leyó en su periódico Milenio. Alguno de esos espíritus piadosos trabajan en una casa de reposo en Long Island. Los encargados del asilo y las venerables ancianas donde transcurre su último capítulo contrataron a un stripper para que divirtiera a las viejitas. El hijo de una de las residentes encontró una fotografía en la cual un joven musculoso y casi desnudo baila muy cerca de una anciana mientras ella deposita algunos billetes en el calzón del hombre. Ardió Troya y Long Island, la noticia corrió como fuego en la paja. Denuncias, llamados a la tremenda punición.

Gil se llevó los dedos índice y pulgar al nacimiento de la nariz y meditó como si fuera un filósofo cínico: ¿Hay algo verdaderamente infame en el hecho de que las viejitas vieran y sintieran un cuerpo joven antes de poner un pie en la tumba? No. No manchen su alma, caray, sancionen un poco sin querer a los encargados y punto com. La denuncia del hijo dice que la contratación del stripper se hizo “bajo el disfrute y perverso placer de los empleados”. Gamés opina que algo de diversión no sobra nunca y que si además a la diversión se le añade un poco de misterio, todos contentos y felices. La lectora y lector estarán de acuerdo con Gil en que cada quien haga de sus partes un papalote si no incurre en delito.

También en Nueva York ocurre lo inaudito (ito-ito). Gil lo leyó en Le Point: los cursos de sexualidad alternativa de Barbara Carellas. Orgasmos sin contacto, como lo oyen. Se trata de técnicas de respiración e imaginación (ción-ción) para llegar al éxtasis sin ningún contacto físico. Obvio que tampoco se permiten los autocontactos, o como se llamen. De inmediato, Games hiperventiló y desató a su imaginación en el jardín de las fantasías, pero así en frío está en chino mandarín. Resultado: nada de nada.

Según la nota de Cecil David-Weill, el sexo sin contacto es la solución para los tímidos, los viejos, las parejas de muchos años y los impotentes. Gil caminó con las manos entrelazadas en la espalda y un gesto de enorme pesadumbre. Acaso Gilga recae en la oquedad de alguno de estos grupos. Los rangos son tan amplios que cualquiera necesitaría tomar un curso de sexo sin contacto, por lo que se ofrezca.

Games se detuvo en un párrafo de la nota de Le Point: el cerebro es considerado (ah, la voz pasiva se extrañaba) el órgano sexual más poderoso. De acuerdo. Carella afirma a pie juntillas que todo mundo es capaz de experimentar un orgasmo, solamente hay que desaprender de las experiencias de infancia, olvidar el onanismo culpable. Ustedes no están para saberlo, sobre todo en los primeros días de esta página del fondo, pero la infancia y la adolescencia de Gamés fueron solitarias, plenas y sin culpa, pero no entremos en intimidades anecdóticas. Vayamos al concepto. Mju.

La idea de Carella del sexo sin contacto le parece a Gamés tan viable como nadar sin agua. Me di un chapuzón magnífico y nadé un kilómetro sin una gota de agua. Ahora mal: Gamés leyó que el entrenador de Brasil, Luis Felipe Scolari, les permitirá a sus jugadores que tengan “sexo normal” la noche anterior a un cotejo (gran palabra). “Hecho de una forma equilibrada, porque el sexo tiene algunas formas que son de malabaristas y eso cansa”, dijo Felipao en conferencia de prensa.

Gil se quedó con el ojo cuadrado y sintió algo de envidia, grr, malditos brasileños. Como las metáforas de las que hablaba Borges, las posiciones del amor, cavila Gil, son finitas. Digamos: ¿un chivito en el precipicio califica como malabar? Na. ¿Armas al hombro, el salto del tigre? Tampoco, en fon. Así las casas (muletilla inmobiliaria), Cirque du Soleil está a un grado de ser pornografía. Oh, sí.

Los viernes Gil toma la copa con amigos verdaderos. Sí, Glenfioddich 15, ni un año menos. Mientras se acercan los camareros con bandejas, Gamés pondrá a circular en la mesa esta máxima de Marañón: “Es una ley inexorable en la vida de los sexos la acción anafrodisiaca de la costumbre”.

Gil s’en va

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