Opinión

Oposición al sistema de oposición de Marcas

Como nos sucede tradicionalmente en México, llegamos a los temas tan tarde que cuando los adoptamos las tendencias ya cambiaron y nos toca sólo vivir las secuelas negativas de las modas. Este es el caso, desde mi punto de vista, del llamado “sistema de oposición” que en materia de marcas se valora implementar para asimilar nuestro sistema registral a las prácticas internacionales en la materia, y en particular, allanar la puesta en práctica del Protocolo de Madrid en nuestro sistema normativo.

Nuestro país es parte de dicho tratado desde el 2012, y aunque su implementación ha sido progresiva, se ha señalado la necesidad de equiparar nuestro sistema a los de otros países adoptando el “sistema de oposición”, a fin de no generar trato discriminatorio a las empresas mexicanas dueñas de marcas en el extranjero.

En pocas palabras, el sistema de oposición consiste en que, junto con el examen que hace el IMPI para determinar si una nueva petición de registro debe otorgarse, la solicitud es publicada para que cualquier empresa que se considere afectada por la concesión del nuevo registro pueda oponerse durante el trámite. A pesar de que a favor del sistema de oposición se señalan ventajas importantes como el incremento de seguridad jurídica en la concesión de nuevos registros, hoy parecen pesar más las desventajas.

En el caso de nuestro país hay múltiples condiciones que podrían colaborar en generar un escenario caótico en la tramitación de marcas en el futuro mediato. La primera es la demora que se genera para alcanzar resoluciones jurídicas firmes, por causa de los intrincados y desgastantes recursos legales que nuestra legislación pone a la disposición de las partes; una segunda razón es la amplitud de los registros de marca, que al amparar clases completas de productos y servicios, dota al titular de herramientas poderosas para oponerse, en el escritorio, a múltiples solicitudes que en el mercado jamás entrarían en colisión.

Si se mira en perspectiva debemos llegar a la conclusión de que un mecanismo de este tipo se traducirá en un bloqueo muy grave para el sistema, al detener por años la tramitación de solicitudes que quedarían atascadas en las tuberías. Además, en un país de Pymes, cuya cultura apenas alcanza para registrar su principal marca, el escalamiento hacia sistemas sofisticados podría representarles cargas más pesadas de lo justificable.

El sistema de registro de marcas, tal como hoy se ha estructurado en el mundo, cada vez está más divorciado de las realidades del mercado y de las necesidades de las empresas; mientras que el comercio mundial abierto e Internet nos llevan a un intercambio continuo que exige el manejo de derechos más acotados al uso, el sistema legal pretende codificarlos, dotándolos de una rigidez que los vuelve casi inaplicables.

Poco a poco, el sistema deberá migrar hacia mecanismos de defensa basados en figuras de competencia desleal, no registrales, como está sucediendo con los nombres de dominio. En contra de esa exigencia de simplificación, pretendemos hoy mirar hacia un recurso que volverá nuestra legislación más pesada, más registral, más inmanejable.

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